Cobrar o no cobrar

Por Laura Lleonart.

¿Es lícito cobrar por los servicios o enseñanzas mágicos?
Incluso cuando tenemos una idea bastante clara al respecto, en algún momento nos hemos encontrado con alguien que sostiene una postura radicalmente opuesta a la nuestra. Esto debería hacernos pensar que la respuesta implica diversos factores y puede que no sea suficiente esgrimir apasionadamente un “sí” o un “no”.

Todo intercambio, incluido el económico, es una forma de relación.
Como en tantas otras cuestiones que atañen a la brujería o a la magia, existe un vínculo que es necesario sostener en equilibrio a medida que evoluciona con el tiempo, y que sin el cuidado adecuado puede resultar nocivo para uno u otro de los extremos que los sostienen. Se trata de considerar las relaciones de poder que permean nuestro ámbito más cotidiano, nuestro trato con los demás y con el mundo que nos rodea.


Grandes Sombras: Relaciones parasitarias, abusivas y de dependencia

 

El principal argumento entre quienes defienden que no se debe cobrar, es acusar a aquellos que sí lo hacen de ser poco respetuosos con las tradiciones, sirviéndose de ellas en lugar de protegerlas y, a menudo, desvirtuándolas o deformándolas a su favor.

También se considera un tipo de relación abusiva o parasitaria respecto a aquellos “clientes” en los que, en ocasiones, se crean una serie de expectativas eternas, que nunca llegan a satisfacerse por completo, asegurando su retorno y dependencia.

Pero lo cierto es que muchos grupos poco recomendables atraen y retienen a sus seguidores a través de servicios o enseñanzas gratuitas, en las que de todos modos también se desvirtúa y deforma la tradición.

La relación abusiva no siempre tiene como objetivo principal el rendimiento económico, sino el poder. Inicialmente se buscará la dependencia emocional, e incluso puede darse una dependencia económica.

El lado oscuro de la generosidad crea una situación de endeudamiento, atrapa a la persona en la sensación de que nunca podrá devolver todo lo que se ha invertido en ella, y generalmente a plena disposición del sujeto o grupo “generoso”.

En ambos casos, el intercambio económico es sólo un factor entre muchos, y no siempre resulta determinante.

 

Si nadie puede comprar conocimiento, ¿Por qué pagamos entonces?

 

El único método de transmisión de ciertos conocimientos está en la convivencia íntima con aquello de lo que aprendes. Si aquello de lo que aprendes son otras personas, se trataría de vivir en la medida de lo posible como ellas y trabajar como ellas – normalmente, en calidad de asistente o aprendiz-.

Pocos tienen la oportunidad, o están dispuestos, a dejar de lado sus habituales ocupaciones, y lo que buscan como forma de aprendizaje es el modelo proporcionado por la sociedad en la que vivimos: Libros, aulas, talleres y espacios de práctica, un retiro eventual…

No hay que engañarse, nadie paga por el conocimiento, sino por los medios que otros elaboran o ponen a nuestra disposición para adaptar esos conocimientos a un formato adecuado para facilitar nuestra comprensión: Pagamos por los espacios necesarios, por el tiempo que ha llevado esa elaboración, y por el tiempo que nos ahorra a nosotros.

Ciertamente, podemos leer los libros que esa persona ha leído y aprender de nuestra propia experiencia. Pero reconocemos que, en ocasiones, la intervención ajena puede ser de ayuda. Podemos invertir en este apoyo, como podríamos hacerlo en un dietista o un entrenador. Esto no nos dará nada que no seamos capaces de hacer por nosotros mismos, se trata acceder a un conjunto de herramientas que no servirán de nada a menos que las utilicemos para aquello que sirven.

Aunque, por supuesto, estamos socialmente condicionados para acumular más que para hacer uso de lo acumulado.

Algo parecido ocurre con materiales y servicios. ¿Acaso no somos capaces de hacer nuestra propia magia? ¿Realmente no podemos confeccionar o ir a buscar apropiadamente aquello que necesitemos para ello? Posiblemente, seria incluso más efectivo. Pero puede que no tengamos tiempo, o que nos guste más cómo lo hacen otras personas. Eso es lo que se paga, el tiempo y esfuerzo delegados en otras personas.

 


El dinero NO es una prueba de que algo está siendo valorado

 

Entre los que defienden el cobro, escucharemos hasta la saciedad la idea de que la remuneración económica es la prueba definitiva de que un servicio o enseñanza está siendo valorado. Esto no siempre es cierto y, a veces, resulta todo lo contrario.

Si nos indigna la imagen de alguien capaz de poner a la venta cualquier cosa y sacar rendimiento de tradiciones de las que, en ocasiones, ni siquiera participa…  La de alguien que cree que puede comprar cualquier cosa que se le antoje, no resulta mucho más respetable.

Incluso en una sociedad en la que a nadie le sobra el dinero, es posible encontrar personas convencidas de que todo lo que necesitan para solucionar sus problemas es abonar la cantidad adecuada. Las cosas no funcionan así. El dinero sólo puede pagar aquello que podemos delegar en otros: No puedes pagar a nadie para que coma, respire, aprenda o desarrolle tu musculatura por ti.

La calidad de un trabajo tampoco depende de cuanto se pague por él. Hay factores objetivos que aumentarán su precio, como la calidad de los materiales o las horas de dedicación que precisa (y sí, puede haber un montón de gastos no evidentes como el mantenimiento de un local). Otros factores, sin embargo, son de carácter subjetivo y tienen relación con el modo en que se especula con él, aquí es cuestión de cada uno decidir si entra o no en ese juego.

Hay personas que están esperando la oportunidad de entregar su dinero, y creen que lo más caro ha de ser lo mejor, sin detenerse a considerar siquiera aquello por lo que están pagando. En consecuencia, otras personas que cobran precios exagerados por trabajos de dudosa calidad.

Esto debería recordarnos que el hecho de pagar por algo no nos exime de la responsabilidad de aplicar nuestro discernimiento, nadie nos obliga a malgastar un dinero que nos serviría mejor invertido en otras cosas.

La mayoría de las personas que aman aquello a lo que se dedican sienten su esfuerzo realmente valorado cuando pueden ver que su trabajo tiene un impacto significativo en las vidas de aquellos que lo reciben. En la atención, el interés o las preguntas que demuestran que han interiorizado la información y la están haciendo suya, en los comentarios que realizan los clientes que demuestran que han hecho algo con los materiales o conocimientos que adquirieron, etc.

Por eso, cuando las circunstancias lo permiten, muchas de estas personas ofrecen sus servicios en el marco de otras redes de intercambio o sistemas de voluntariado, sin miedo a que la falta de remuneración suponga descrédito alguno para su trabajo, o el de otros que se dediquen a lo mismo.

 

 

El peligro de un negocio

 

Todos necesitamos tener un lugar para vivir, comida y acceso a algunos servicios básicos, y el dinero aún es la principal forma de satisfacer estas necesidades. La mayoría de nosotros lo conseguimos, no sin esfuerzo, a cambio de nuestro tiempo, conocimiento y habilidades. Algunos de estos conocimientos y habilidades proceden o están vinculados a las tradiciones y prácticas mágicas.

Hay un mantra que todos los trabajadores del sector servicios odian: “El cliente siempre tiene la razón”. Todos sabemos que no es así, excepto aquellos que hacen uso de su dinero, influencias o poder como medio de presión. Por supuesto, esto no sólo ocurre en el ámbito oculto.

Es posible encontrar a una o varias personas que, sin respeto alguno por el trabajo que haces, exijan que bailes al son que les apetece porque ellos pagan.
Esta clase de situaciones, sin embargo, se da a menudo de formas mucho más sutiles y extendidas en el tiempo, en sugerencias de etiquetado, presentación, materiales, en desvíos destinados a abaratar costes o incrementar ganancias o base de clientes, que acaban por deformar nuestra idea e intención iniciales justificándose por “necesidades del negocio”.

Este es el peligro principal de obtener el sustento básico de algo tan delicado como enseñanza o los servicios brujeriles, perder la libertad o el poder sobre nuestra labor, excedernos en nuestra adaptación a la demanda, a las tendencias del momento, hasta que el origen o la esencia resulte demasiado domesticado, diluido, contaminado, o anecdótico.

De hecho, ni siquiera es necesario que esto provenga de un ansia desmedida por el lucro, sino que surja de nuestro natural deseo de agradar y llegar a otros, o de mirar a nuestro alrededor y pensar que “todo el mundo lo hace”.

Aquí sí entra en juego nuestra ética personal, y la capacidad de mantener nuestro poder para decir que NO cuando algo atente contra ella. De la misma forma que nuestro sentido de la ética puede llevarnos a abandonar un empleo en cualquier otro sector, con mayor razón, al trabajar con determinados temas, es necesario conservar nuestro poder y capacidad de dirigir el rumbo de nuestro proyecto, y negarnos a participar en algo que sabemos que nos desvía demasiado de nuestro camino… Por más que la necesidad apriete.

De otra forma, es posible que nos convirtamos en una parodia de lo que queríamos ser. Y sí, tendremos clientes, o seguidores, o incluso dinero, pero ya nada de esto tendrá demasiada relación con los conocimientos que pretendíamos acercar a otros.

El problema real no está en cobrar o no hacerlo, en pagar o no hacerlo, sino en la relación que se establece entre el que paga, el que cobra, y aquello por lo que se está pagando.

El intercambio económico es un sistema válido, y práctico -aunque existen alternativas-, mientras se mantenga el respeto entre las partes implicadas. Es preciso renunciar a la idea de que cualquier cosa puede ser adquirida mediante el dinero, y aceptar la responsabilidad de pensar en qué invertimos nuestros recursos y con qué fin lo hacemos. Por otro lado, como practicantes, es necesaria la fortaleza de sostener las riendas de nuestros proyectos, cuidar de su integridad y evitar posibles desvíos en nuestra trayectoria que no sólo puedan dar al traste con nuestra credibilidad, sino arrebatarnos cualquier poder y convertirnos en esclavos.

 

Imagen principal: A Visit to the Witch, Edward Frederick Brewtnall, 1882.


Autoría:

Laura Lleonart (Vaelia). Editora de WITCH Hispana, y artífice de los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

El Trabajo con la Sombra es un asco (pero es necesario)

Por Laura Lleonart.

No existe algo así como “el trabajo con la Sombra fácil”.
Si resulta fácil, no es efectivo.

Existen, por supuesto, aproximaciones a la Sombra, estrategias para familiarizarnos con ella, ampliar los límites de nuestra personalidad consciente, hacer algo de limpieza y potenciar nuestra práctica.  Pero el trabajo con la Sombra no está para hacernos más ricos, más exitosos o amados – aunque esos puedan ser algunos de los efectos secundarios- porque, a medida que descendemos a nuestro propio Inframundo, esas cuestiones sencillamente se quedan en la superficie.

Nos alejamos progresivamente de ellas a medida que vamos más y más abajo, hacia lo que realmente está mal, hacia lo que duele (y huele) como una herida que se ha ido pudriendo mientras pretendíamos que no estaba ahí en absoluto, sólo porque todos estos años hemos conseguido llevar una vida “más o menos normal”.

El trabajo con la Sombra da un poco de asco a veces, cuando abrimos la caja de Pandora y empiezan a salir todos los rabiosos demonios que teníamos encerrados, cuando la llave del cuarto prohibido no deja de sangrar. Ciertamente uno puede desanimarse y pensar «mejor me hubiera quedado como estaba».

Pandora, atribuída a Frederick Stuart Church (1842–1924)

Hace muchos años escuché una reconocida autora de autoayuda (1), hablando al respecto. Comentaba que este proceso es muy parecido al momento en que nos decidimos a limpiar una olla muy sucia. Lo hemos estado tratando de evitar, pero en algún momento tenemos que ponernos a ello -dado que esa olla es nuestra vida y no podemos comprar una nueva-.

Cuando empezamos, y se desprende la grasa y la suciedad incrustadas, y no sabemos cómo colocarla en el fregadero y salpica todo…  La olla aún no está limpia y la suciedad allí concentrada parece inundar ahora la cocina e incluso a nosotros, y definitivamente parece que la cosa se ponga peor de lo que estaba en un principio.

Lo mismo sucede cuando hacemos limpieza profunda en casa, está todo patas arriba y nosotros agotados y hechos una porquería… sería algo embarazoso recibir visitas. Eventualmente terminaremos la tarea y estaremos mucho mejor, pero puede llevarnos más tiempo de lo previsto.

Un tiempo que necesitamos para nosotros, que nadie nos ha educado para concedernos y que en ocasiones no se respetará. Al fin y a cabo vivimos en un sistema en el que somos poco más que bestias que tiran del carro hasta que caen y se abandonan a pie de carretera. A nadie le importa cómo estén, mientras se puedan seguir explotando.

Cualquiera que nos encuentre en ese momento de tránsito, puede pensar que nuestra vida, o nosotros mismos, somos un desastre. Y puede que lo seamos, pero ni más ni menos que otras personas. Es importante tener en cuenta que el objetivo del trabajo con la Sombra es estar mejor, pero de verdad, de forma independiente a las circunstancias. En consecuencia, también seremos mejor compañía e influencia en nuestro entorno.

Puede resultar doloroso darnos cuenta de que tal vez algunas de las personas a las que queremos no estarán ya para ver el resultado de nuestro esfuerzo, pero siempre habrá otras. Posiblemente nuestra vida resultará en algo muy distinto de lo que habíamos imaginado. Y en cualquier caso habrá valido la pena.

Pandora, Thomas Benjamin Kennington, 1908

Como pasa cuando limpias algo que hace mucho estaba abandonado en un trastero cubriéndose de polvo, podemos constatar que las cosas no son necesariamente lo que nos parecen en un momento determinado, y que el trasto del que en principio hubiéramos preferido deshacernos resulta ser una antigüedad, o una joya. Como siempre, si descubrimos eso en nosotros mismos, nuestro entorno también se abre a esa calidad de vivencia.

En cuanto les demos una oportunidad – es decir, en cuanto nos pongamos serios con el tema – los caminos de la Sombra nos llevarán al corazón de nuestros problemas y preocupaciones, a aquellas cuestiones encerradas en el sótano, que nuestras resistencias y rodeos no hacen más que agravar.

Puede que hayamos vivido muchos años ignorando que aquello estaba ahí, pero una vez lo vemos, sólo podemos huir, o tratar de enfrentarlo. Por miedo que nos dé, por desagradable o difícil, o inoportuno que nos parezca tratar esos temas, huir sólo empeorará la situación a futuro.

Nadie desciende a las Sombras para quedar allí atrapado, porque en cuanto entendemos cuál era el problema, comprendemos también que hay mucho más por conocer y vivir que lo experimentado hasta el momento.

Mirar a los ojos a los auténticos problemas, meter el dedo en la herida apestosa, y atender lo que debe ser atendido, es única vía posible para la transformación. Y, definitivamente, podemos seguir nuestra curiosidad como camino de regreso y preguntarnos cómo va a ser nuestra vida sin todos esos miedos, pesos, angustias, límites o condicionantes con los que hemos cargado sin saberlo, que nos han condicionado sin siquiera despertar nuestras sospechas.

____

Nota: Si crees que los autores etiquetados como “autoayuda” no tienen nada que decir respecto al trabajo con la Sombra, deberías revisar tus prejuicios. Algunos de ellos estaban allí ayudando a personas a salir de adicciones, lidiar con enfermedades terminales, o a visibilizar temas como el sida cuando era un auténtico tabú social, mientras que muchas personas etiquetadas como “brujas” hacen poco más que preocuparse por salir bien en las fotos.

Imagen principal: The Nightmare, Henry Fuseli, 1781.


Autoría:

Laura Lleonart (Vaelia). Editora de WITCH Hispana, y artífice de los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

Alimentar a los Demonios

Por Laura Lleonart.

¿Qué es esto de alimentar a los demonios? En el libro que lleva ese mismo título “Alimentando a los demonios”, escrito por la budista Tsultrim Allione, se hace una adaptación al mundo occidental de una serie de técnicas iniciadas en el siglo XI por Machig Labdrön, yoguini tibetana.

Según el relato mítico, tras haber estudiado con un maestro, en el momento de su iniciación Machig, en un estado profundo de trance, empezó a hablar en sánscrito y se elevó en levitación. Danzando, salió levitando del templo y se situó ante un árbol cercano al estanque del monasterio. Las gentes del lugar temían aquel estanque y lo evitaban, pues allí vivía una poderosa Naga. Las Nagas – masculinas y femeninas- son las serpientes míticas de la India, poderosos espíritus acuáticos que, como los dragones, tienen una naturaleza ambigua y pueden causar desgracias a la población, pero también son guardianas de tesoros y pueden otorgar determinados dones.

Cuando la Naga vió a Machig en meditación allí, lo sintió como un desafío, de forma que reunió a otras Nagas con el fin de atacarla. Sin embargo, cuando las Nagas se acercaron a ella con la intención de devorarla, fue la propia Machig quien se ofreció a sí misma, convirtiendo su cuerpo en una ofrenda de néctar.  Según el relato, las Nagas se nutrieron de este néctar y quedaron tan satisfechas que se convirtieron en sus aliadas, asumiendo el compromiso de proteger a todo aquel que siguiera las enseñanzas de Machig.

Del mismo modo que sucede con la hagiografía, es decir, los relatos de las vidas de los santos cristianos, las vidas de los grandes maestros orientales también están mezcladas con elementos míticos. En cualquier caso, Machig Labdrön existió, tuvo una vida plena, no exenta de polémica,  y es considerada la “madre” del Chöd, una de las vías tántricas del budismo tibetano.

Machig se caracterizó por su comprensión acerca de los demonios. Al respecto, Maching dijo a uno de sus discípulos: «Puedes creer que los Dioses son aquellos que otorgan bienes y que los Demonios causan daños; pero podría ser todo lo contrario. Aquellos que causan dolor te enseñan a ser paciente y aquellos que te conceden regalos pueden mantenerte alejado del Dharma. De modo que, el que se trate de Dioses o Demonios, dependerá del efecto que tengan en ti”.

Naga Kanya Bestowing Treasures, Silk Alchemy

El sistema formulado por Tsultrim Allione – quien es considerada una emanación de la propia Machig- simplifica la práctica y da una serie de pautas fáciles de seguir en el mundo occidental contemporáneo. Sin embargo, al momento de hablar del mundo occidental, como suele suceder en estos casos, Allione sólo habla del enfrentamiento con el demonio propia del héroe occidental, ya sea éste Hércules o San Jorge, olvidando, por un lado, que en las tradiciones orientales la imagen del enfrentamiento violento con los demonios es tan común como nuestros Hércules y nuestros dragones, y, por otro, que en las tradiciones occidentales, aunque de forma residual, aún se conserva el recuerdo de esas prácticas de familiarización con los demonios.

En el folklore de la Península Ibérica encontramos, por ejemplo, las leyendas acerca de las Encantadas, Xanas o Moras, un tipo de espíritus femeninos normalmente vinculados a las fuentes, ríos o pozos, que a menudo se presentan a pastores y viajeros para presentarles un enigma iniciático. Como las Nagas, estas entidades tienen la facultad de provocar males, pero también son guardianas de tesoros y otorgadoras de dones para aquellos que saben cómo tratarlas. Muchas variantes de los relatos populares presentan a las Encantadas en forma de serpiente, de manera que aquel que las encuentra ha de saber identificarlas como lo que en realidad son, venciendo su miedo o repulsión.

Al fin y al cabo, la brujería, entendida aquí como una vía iniciática y no sólo en su faceta operativa, es una manera alternativa a la común de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo, sus criaturas o sus energías.

Una manera de hacer que, de entrada, puede parecer contra intuitiva (pues nuestro primer impulso frente al miedo es atacar o huir) pero que nos lleva a disolver nuestros límites, esos límites de la personalidad y la visión ordinaria dentro de los cuales, a menudo, nos ahogamos al mismo tiempo que nuestras vidas palidecen y se plagan de preocupaciones triviales. Cuando, en ocasiones, se habla del camino contra-natura, no es porque se tenga nada en contra de la Naturaleza, sino porque la conciencia es como un fuego que se enciende en medio de la trama de patrones y automatismos con los que nacemos o que heredamos en las primeras etapas de la vida, y ese fuego nos recuerda que es posible modificar estas predeterminaciones.

En la definición de Machig Labdrön, un demonio es todo aquello que se interpone en nuestra liberación. Tal vez esta noción resulta demasiado abstracta, para nosotros, sobretodo para los que nos gusta sentir el contacto de la tierra en nuestra piel, pero podemos redefinirlo como toda aquella potencia que ha acabado atrapada en un patrón y que, en vez de fluir con el resto de energías vitales, está causando algún tipo de conflicto.

Ya sea que hablemos de demonios o monstruos, o de aspectos de la Sombra, cuando contemplamos el tema desde la perspectiva del individuo, se trata de todas aquellas cosas en nuestra vida que parecen habernos atrapado, o mordido un pie, impidiéndonos avanzar: Las obsesiones, los miedos, las adicciones, etc. pueden ser consideradas monstruos o demonios, pero, en lugar de sucumbir al espejismo del poder que ejercen sobre nosotros, podemos invertir esta visión, liberar el patrón, y recuperar estas energías estancadas.

En el último programa de Encrucijada Pagana contamos con la participación de Margit Glassel, a la que seguramente conocéis por su trabajo como astróloga, haya accedido a la entrevista que vais a escuchar. Una entrevista en la que, dado el bagaje de nuestra invitada, aparecen muchos y variados temas: astrología, tarot, trabajo con la Sombra, mitología, magia ceremonial o budismo tántrico. Además, Margit nos hablará de sus próximos proyectos.

<iframe width=»560″ height=»315″ src=»https://www.youtube.com/embed/hrVJQl9A6xc» frameborder=»0″ allow=»accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen></iframe>

 

Imagen principal


Para saber más:

Podéis conocer el trabajo de Margit a través de su  Web, Facebook o Instagram.
Para la suscripción al grupo de Trabajo con la Sombra (inicio 13/10/19) es necesario escribir a: grupos.margitglassel@gmail.com

TERRA : Una oportunidad de re-conexión con el Territorio

Por Laura Lleonart.

Acabo de pasar uno de los cumpleaños más tristes de mi vida. Sola en casa, haciendo limpieza, tratando de recuperarme de una serie reciente de sismos existenciales, mi feed se llena de noticias acerca de los incendios en el Amazonas.

La alarma ha tardado en llegar a los medios, y mientras se derrumban los árboles, los animales tratan sin éxito de huir de las llamas y las comunidades indígenas asisten a la destrucción del territorio en el que enraízan sus vidas, desde el resto del mundo se alzan las voces por lo que está sucediendo en el “pulmón del planeta”.

Entiendo que se quiera subrayar la importancia del caso apelando al más puro etnocentrismo occidental. Sin embargo, teniendo en cuenta la manera en la que muchos tratamos nuestros pulmones – o a cualquier otra parte de nuestros cuerpos-, dudo que surta algún efecto duradero.

Se apunta a culpables, se identifica a los monstruos: La culpa siempre es de “otros” (si podemos pintarlos del color político del adversario, tanto mejor). No falta, tampoco, la mortificación: El ser humano es una basura que haría bien en extinguirse, en desaparecer de la faz de la tierra… Al fin y al cabo, es más cómodo desaparecer que trabajar por alguna forma de reparación del daño cargando con el peso de que ésta no pueda ser completa.

Aparecen los reproches y discusiones acerca de cuál de las causas anotadas en nuestra agenda común resulta más urgente o legítima: Que como no es Nôtre Dame no remueve conciencias, que nadie habla de los incendios en Siberia, que no está bien mirar tan lejos cuando aquí al lado tenemos bastantes problemas o, al contrario, que los problemas de aquí al lado no son nada comparados con lo que pasa allí.

Lo cierto es que hay trabajo para todos. Todo gesto útil debería ser bienvenido.

Aquí y allá florecen plegarias y propuestas de acción mágica comunitaria. Sin despreciar ni una sola de las buenas intenciones, resulta inevitable preguntarse qué fuerza va a apoyar esas acciones mágicas, qué poder en ellas puede compararse al de aquellos que respiran y laten con las selvas, forzosamente desterrados, quienes, además de apelar al mundo invisible, se están dejando literalmente la piel sobre el terreno.

En el fondo, corremos el peligro de que la intención de fondo de esas plegarias no sea otra que la de tratar de acallar a los demonios que asaltan nuestras conciencias en un momento puntual.

¿Dónde está nuestro (auténtico) poder para transformar la realidad? ¿Cuándo fue la última vez que nuestra magia dió un resultado contundente?

La noticia  de los incendios se convierte en tendencia, se abre camino como un caudal desbordado al que se suman los ríos de aquellos avisos y recordatorios acerca del estado de las cosas que hacemos todo lo posible por ignorar en nuestro día a día.

Cuando algo nos recuerda que el tiempo se nos acaba y nuestros mecanismos de defensa no consiguen ignorar el llamado, se despliega en nosotros un amplio surtido de emociones: rabia, culpa, miedo, impotencia, desesperación. Estas emociones, que deberían movilizarnos a la acción, nos superan, acaban proyectadas contra «el mundo» o «los otros», o nos ahogan en un mar de auto derrota que normalmente cubrimos con una densa capa de autocomplacencia.

Esta manipulación del caos emocional no deja de ser una forma de control y alienación por parte de un sistema que se alimenta de esto para seguir arrasando a sus anchas.

Queremos (necesitamos) hacer algo, pero no sabemos cómo, un Monstruo araña nuestras entrañas, nos agotamos, lo emborrachamos, le damos sedantes, hasta que conseguimos devolverlo al sótano del que ha escapado. Sus pasos nerviosos, el rascar de sus zarpas en el suelo de la prisión a la que lo hemos confinado, seguirán cuestionándonos desde las sombras.

Invertimos mucha energía en mantener al Monstruo encerrado.
Y, tal vez, ese no sea su lugar.

No entendemos lo que está pasando en realidad, ni nuestro papel en el escenario. Una parte de nosotros se ciega de manera refleja ante el dolor de la conciencia. Hemos perdido la referencia de lo que significa ser humanos y habitar un territorio que está tan vivo como nosotros.

Cuando extendemos nuestros vínculos a la tierra que nos sostiene, al aire que respiramos, al resto de seres que laten en un lugar concreto, el Territorio responde. Formamos parte de una realidad que va más allá de los límites de nuestra piel y, al mismo tiempo, es capaz de permearla y afectarnos.

A medida que tomamos conciencia de los vínculos que nos unen al entorno, empezamos a identificar los intercambios que se producen en esta relación, y del mismo modo que la afinidad puede hacer que dos personas ajusten el ritmo de sus pasos, de sus respiraciones, o del latido de sus corazones para sincronizarse, el Territorio nos acompaña.

Mientras el vínculo con el Territorio permanezca olvidado, nos perseguirá la insidiosa y criminal idea de que nada de lo que intentemos será suficiente. Al fin y al cabo, ya estamos bastante convencidos de no ser lo suficiente en otras áreas de la vida.

Hay otras maneras de hacer las cosas.

He dedicado toda mi vida al estudio y la práctica mágica, pero nada en este recorrido puede compararse a lo que supuso la reconexión con el Territorio y el trabajo con la Sombra. Literalmente, me llevaron a reconfigurar mi visión de la realidad y, de paso, a obtener resultados bastante maravillosos en la práctica mágica, que perduran en mi cotidianidad.

Con el objetivo de iniciar el rescate de los vínculos perdidos, orientar nuestra intención y cargar de poder nuestra palabra a través de un intenso trabajo con la Sombra, he decidido ofrecer TERRA, un entrenamiento de tres meses en trabajo con el Territorio.

Tomaremos como base la brujería tradicional, pero va a ser lo suficientemente abierto para que pueda acercarse un practicante de cualquier corriente. Sin embargo, la práctica y la participación serán esenciales para llegar a la clase de experiencias a cuyo encuentro salimos.

Vamos a salir de casa, a mancharnos las manos de tierra, e invitar a algunos de nuestros demonios a nuestra mesa. Hay que hacer el trabajo y nadie obtendrá un diploma al final… Ni lo echará de menos.

Más información en las próximas semanas. Por el momento:

TERRA es un entrenamiento en trabajo mágico con el Territorio y los espíritus que lo pueblan, incluyendo el Territorio urbano. Inicia el 21 de Septiembre y la duración estimada es de 3 meses, en los que se recibirán dos entregas de material por mes, realizando un seguimiento a través de un grupo privado en Facebook.

Puede participar cualquier persona desde cualquier lugar, sólo debe escoger el territorio con el que trabajar y un proyecto en defensa de la naturaleza, del patrimonio o de carácter humanitario con el que colaborar, ya sea a nivel global o local.

TERRA es una iniciativa altruista, tiene un precio y pagarlo es parte del mismo entrenamiento. 2/3 del importe irán destinados a la causa escogida por el participante, el 1/3 restante servirá para el mantenimiento de los proyectos Encrucijada Pagana y WITCH Hispana. El precio se determinará en función del sueldo mínimo interprofesional del país en el que resida el participante. Existe también la opción de convalidarse por horas de voluntariado.

Más información en:  www.encrucijadapagana.org/terra/
O escribiendo a encrucijadapagana@gmail.com

Imagen principal


Autoría:

Laura Lleonart ha dedicado los últimos 20 años de su vida a la investigación y difusión de las tradiciones mágicas y espirituales… Con unos cuantos más en la práctica, actualmente se dedica a hacer de editora de WITCH Hispana, y llevar los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

Comunicación con la Sombra

Por Laura Lleonart.

Si consideramos el territorio de la Sombra como todo aquello que se extiende más allá de los límites de nuestra consciencia, la Sombra es una personalización de estos contenidos, nuestro doble nocturno, la parte de nosotros que sabe como moverse en este ámbito, y nuestra mejor guía. La Sombra puede adoptar muchas formas, muchos carácteres, muchas voces, precisamente porque no está sometida a las limitaciones del ego o la personalidad consciente, sim embargo, sabremos que es “nuestra” sombra porque los amplía o completa.

La Sombra contiene toda la información que recibimos del mundo pero que escapa a nuestra conciencia, dado que ésta no puede hacerla caber en el apartado de la memoria al que tiene acceso de forma ordinaria. Todo aquello que la conciencia, por practicidad, o debido a nuestros patrones, censura o descarta: Las cosas que no queremos ver, las posibilidades que no nos atrevemos a admitir.

Debido a la posición dominante de la conciencia, la Sombra puede llegar a manipular nuestra percepción, en ocasiones de forma violenta, pero más a menudo de forma subrepticia. Por este motivo la conciencia debe mantenerse atenta y ser capaz de identificar las huellas de aquel que ha entrado en la casa mientras dormía, identificar la pauta, el guion o el patrón en acción y descubrir cómo desmantelar la trampa.

Eleanor Vere Boyle, Beauty and the Beast, 1875

 

Dado que, debido a nuestra educación, vivimos de espaldas a ella, la Sombra trata de llamar nuestra atención para advertirnos de peligros, o hablarnos de necesidades que nos negamos a reconocer. Y a menudo lo hace a través de proyecciones terribles, enfermedades o accidentes. También es común que, acostumbrada a este trato, la Sombra desconfíe de la conciencia. Por otro lado, será necesario aprender a redirigir nuestra conciencia hacia un mundo que ha tendido a forzar e ignorar.

No se trata de invertir una situación de dominio, cuando trabajamos los aspectos de la Sombra como los de la conciencia de forma simultánea y coordinada, ambos se ven modificados y aprenden a colaborar. La conciencia – o personalidad consciente- deviene más flexible, abierta, apreciativa, mientras que la Sombra aporta informaciones valiosísimas, favorece y sostiene los procesos de transformación con una fuerza que a menudo no nos explicamos de dónde procede.

En este proceso hay tres puntos esenciales:

I. Tomar consciencia de la naturaleza y función de la Sombra. Esto es lo que hemos intentado hacer, por ejemplo, en la introducción de este artículo. Pero, de hecho, la Sombra, es un tema inagotable, así que siempre quedará algo que aprender al respecto.

II. Dirigir nuestra atención a los mensajes que nos envía la Sombra. Estos mensajes pueden ser directos, a través de los sueños, las sensaciones físicas o determinadas impresiones (intuiciones de todo tipo), pero también pueden ser indirectas, y las detectaremos por medio de la observación e identificación de patrones activos en nuestras vidas. Se trata de un proceso de escucha, o atención, que implica ir modificando la consciencia desde su posición inicial proyectiva, para ser capaz de asumir un sereno estado de receptividad.

Meditación

La manera más práctica de ir predisponiendo nuestra consciencia es incluir la meditación en nuestra rutina diaria. No es necesario realizar largas sesiones, con 10 minutos al día es suficiente para empezar (aunque es posible que luego, de forma natural, tengáis ganas de alargar este tiempo). Lo que se hace en esta meditación es, sencillamente, identificar el contenido mental y emocional con el que cargamos. Esto permitirá que, cuando necesitemos trabajar algún aspecto concreto, seamos más hábiles en detectarlo, separar-lo del resto y captar su evolución.

III. Demostrar a la Sombra que estamos dispuestos a atender a sus necesidades y consejos.

Como hemos mencionado antes, inicialmente la Sombra desconfía, y cuando empezamos a trabajar con ella es muy posible que nos escupa a la cara muchas cosas que a las que habíamos hecho oídos sordos: Carencias, culpas, descontentos, miedos o heridas de todo tipo. Por esto, a menudo, se teme a las Sombras. Cuando la Sombra no encuentra otra vía de comunicación, se expresa a través del cuerpo físico en forma de dolor, o incluso, de enfermedades o accidentes.

Así que, a menudo, trabajar con la Sombra nos lleva por un sendero contraintuitivo, hacia todas aquellas cosas que desearíamos evitar o rehuir. En este aspecto, es importante tener en cuenta que las cosas no desaparecen por el hecho de no mirarlas y que sólo siendo conscientes de ellas podemos aspirar a modificarlas. La conciencia dormida, o medio despierta, el ego, es como un niño que corre detrás de las cosas brillantes, se deja engañar con promesas, busca siempre el camino más corto y sólo quiere hartarse de chucherías.

Para ganar la confianza de la Sombra será necesario ejercitar la constancia en nuestra aproximación, demostrar que estamos dispuestos a escuchar y tener en cuenta todo aquello que tenga que decirnos.

Diario

La otra práctica básica recomendada es llevar un diario en el que dejemos constancia de nuestras emociones, impresiones, reacciones, especialmente con relación al tema que estemos trabajando en el momento. En este apartado debería incluirse también el diario de sueños.

El hecho de escribir es un trabajo de la conciencia, una herramienta para llevar el material de la Sombra – a menudo caótico- a la luz, a un orden que nos resulte comprensible. El esfuerzo de encontrar las palabras y poner por escrito nuestras percepciones nos ayuda a trabajarlas de una forma que no sería posible si sólo las dejáramos dando vueltas en nuestra cabeza. Al mismo tiempo, cuando escribimos dejamos registro de ideas, pistas o incluso claves que sólo serán identificables cuando las recuperemos algún tiempo después.

Los mensajes de la Sombra pueden llevarse al mundo de la conciencia también a través de representaciones plásticas, el trabajo con diferentes imágenes o materiales, el ritual o la representación y, por supuesto, las acciones cotidianas. Se trata de enviar una señal concreta en el tiempo y el espacio de que el mensaje ha sido recibido. Por ejemplo, si tenemos una serie de sueños relacionados con el mar, no estaría de más acercarnos a la playa, si tenemos un antojo súbito de cierta fruta, irla a buscar, si del fondo de la memoria emerge un fragmento de canción, escucharla completa.

 

Theodor Kittelsen, The Princess picking Lice from the Troll, 1900

 

A medida que los contenidos de la Sombra van pasando a la conciencia, y al revés – como si se tratara de un juego- se van transformando en un proceso cercano a la destilación. En la medida que impliquemos en esta danza los diferentes aspectos de nuestras vidas, éstos también se verán afectados.

El trabajo con la Sombra es muy entretenido, especialmente para aquellos que disfrutamos del arte y el ritual, porque presenta infinitas posibilidades de exploración, pero también es algo que, de una manera u otra, será necesario incorporar en nuestra cotidianidad.

Imagen principal


Autoría:

Laura Lleonart ha dedicado los últimos 20 años de su vida a la investigación y difusión de las tradiciones mágicas y espirituales… Con unos cuantos más en la práctica, actualmente se dedica a hacer de editora de WITCH Hispana, y llevar los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

Brujas

Por Myriam Wigutov.

                    Al igual que la palabra “salvaje” la palabra “bruja” posee un matiz peyorativo, pero hace tiempo era un calificativo que se aplicaba a sanadoras…
Franca Sachi De Vecchi. Tantra Espiritualidad y Armonía Sexual, 1999.

…Gin-Ecología es la habilidad de la mujer para describir la ciencia, es decir el proceso de saber, en el que las mujeres eligen ser sujetos y no meros objetos en esta búsqueda. Es el descubrir y desarrollar las relaciones de amor y de vida (dentro) de nuestra propia especie y género.
Mary Daly. Gyn/Ecology: The Metaethics of Radical Feminism, 1978.

 

Llamaré Bruja a la función de desarrollar ciencia por fuera de la “academencia” de la academia, saberes, oficios y pragmatismos para desarrollarnos, entrenar capacidades ocultas y misteriosas, trabar amistad con los mundos invisibles, sanarnos a nosotras mismas y, eventualmente, a las y los demás.

Llamaré Bruja a todas aquellas intuiciones, visiones y pensamientos que son nuestro instinto, nuestro olfato, “charme”, encantamiento, el famoso sexto sentido que en nombre de la civilización ha quedado degradado y desterrado, pero que no ha muerto ni quemándolo en la hoguera.

Llamaré Bruja a ese territorio recuperado de mitos, creación de viejos-nuevos ritos, tecnologías femeninas, internas o externas; a ese espacio de unicidad de todos los mundos, de inclusión en un todo ecológico. Al continuo de la creación y su interconexión.

A cada mujer, reprimir su Bruja, provoca un sinfín de enfermedades, a sí misma y a todo su alrededor: depresión crónica, insociabilidad, melancolía y otros males fisiológicos. Desde aquí clamo por nuestro poder autocurativo, sanador, y su re-sacralización.

El poder femenino de las chamanas, brujas y comadronas de las comunidades de orientación matrística se basaba en los Misterios de la Sangre: Menarquia, Florecimiento sexual, menstruaciones durante más o menos cuarenta años, maternidades, partos, puerperios, lactancias, climaterio y menopausia.

Las mujeres, al compartir espacios comunitarios realizaban sus sanaciones y entrenamientos grupalmente, menstruaban juntas (y aun hoy nos sigue pasando). Descubrieron la relación entre el sangrado de las humanas y las fases lunares; que su propia fertilidad respondía a un patrón relacionado con los ciclos de la Tierra, la Luna, el Sol; Vicky Noble, en su libro El poder Natural de la Mujer, propone la hipótesis de que el Yoga fue creado por estas mujeres intentando conducir y aprovechar estas energías en favor de sus comunidades.

La ciudad de Delfos fue famosa por sus oráculos, y Delfos significa útero. Las antiguas Sibilas y Sacerdotisas preclásicas y clásicas consultaban sus oráculos exclusivamente durante sus sangrados, porque era el momento de mayor sensibilidad hacia el mundo oculto y sutil. (SCHUTTLE, Penelope y Redgrove, Peter, The Wise Wound – Menstruation & Everywoman (1978) )

La próxima vez que sientas la Sagrada Ira o Furia, sobre todo si sucede antes o durante tu sangrado, trata de que tu Bruja se exprese libremente.

En “esos días” se disuelve el velo entre la aparente “realidad” y la realidad real, vemos la verdad de las cosas y no toleramos eufemismos, hipocresías ni condescendencias. Al poder de la Bruja lo llamaré el “Don del Disfemismo” que es lo contrario del eufemismo: ser deliberadamente brava y filosa, oscura y densa, limitante, desafiante. ¡En tu próxima menstruación ejerce el tuyo!

El Patriarcado ha querido manipular y forjar a su antojo a las mujeres brujas de estos últimos seis mil años. Lo ha hecho influyendo en todos los planos de sus cuerpos, sobredimensionando los valores de bondad, sumisión, recato, abnegación y entrega, argumentando que ESOS SON los valores femeninos, como una venenosa intoxicación de sus cuerpos físicos y no físicos con químicos industriales y terrores brujomaniacos. Esos valores forjaron la esclavitud brujeril convirtiendo a las mujeres-brujas en “donantes” permanentes yque se agotan en la entrega de sus energías, bienes, tareas y cuidados.

La cultura ha desacreditado, perseguido, desterrado, castigado y literalmente penalizado a los valores menstruales, más “brujeriles”, de fuerza, insumisión, astucia, poder, agresividad, independencia y soberanía. Todos estos bienes morales son adjudicados, con exclusividad, a los hombres. Valores intolerados en una mujer-bruja en el patriarcado.

Seguramente si pudiéramos ser más agresivas, poderosas e insumisas, no soportaríamos tanta sujeción al “orden” en el que nos educan e imponen y luego nos auto imponemos.

Si pudiéramos ser más agresivas, poderosas e insumisas, más Brujas, este sería otro mundo.

El poder de la Bruja es el poder del conocimiento de lo cíclico, de la renovación, de la sabiduría para empezar de nuevo de “otro” modo: La sabiduría de dejar morir lo que tiene que morir, matar lo que ya ha vivido demasiado y hacer lugar para que nazca lo que debe que nacer.

El poder de la Bruja es su sabiduría: el conocimiento de los ciclos naturales de todo lo que fue es y será.

 

BRUJAS

Si te sientes diferente desde siempre y no encajas completamente en ningún lado…

Si tienes intuiciones espirituales que no te ha enseñado nadie…

Si te sientes «llamada” por el Antiguo Arte, en lugar de llamarlo, y te es irresistible…

Si el llamado tiñe toda tu vida de una intensa emoción…

Si el llamado te produce, al mismo tiempo, éxtasis y sensación de falta de mérito…

Si te da miedo que piensen que estás loca, porque tu entorno te desconoce y desacredita…

Si el llamado sigue haciéndose oír por múltiples caminos y al desatenderlo te enfermas…

Si conoces la enfermedad física o psicológica que los métodos tradicionales no pudieron curar, y te has curado metiéndote lo suficientemente hondo dentro de vos misma…

Si en tu familia son más de una…

Si en sueños tus guías te entrenan e informan…

Si has recibido un nombre «verdadero” en sueños o visiones…

Si puedes alterar tu estado de conciencia y el de los demás…

Si reconoces tanto a tus guías internos como a los externos…

Si has experimentado la capacidad de sanar…

Si produces buena suerte…

Si puedes reconocer las sincronías…

Si puedes leer los símbolos…

Entonces has recibido la verdadera Iniciación

todas las demás serán menores…

No lo dudes ¡ya eres una bruja!

 

Fragmento corregido y actualizado para WITCH HISPANA del libro sobre Saberes Menstruales LA RUEDA PÚRPURA – Taller de Conocimiento Femenino Myriam Wigutov © editorial La Quimera, Buenos Aires (2004)

Imagen destacada: John Tracy


Autoría:

Amaya Laura Arruabarrena de A+R Expertos en Miradas: https://www.facebook.com/expertosenmiradas/
Fotografía: A+R Expertos en Miradas

Myriam Wigutov es teatrista y docente de Técnicas Corporales. Instructora de Yoga, Bruja y Mujer Medicina. Coordina retiros y talleres sobre el Sagrado Ciclo Menstrual con perspectiva de Género y por la No Violencia hacia las Mujeres.
Autora de La Rueda Púrpura (2004). Puedes conocer más de su trabajo a través de sus blogs Myriam Wigutov y La Rueda Púrpura, y contactarla vía Facebook o escribiendo a myriamwigutov@yahoo.com.ar

 

 

 


 

Sombra, destino y liberación

Por Vaelia.

El concepto de “Sombra”, del mismo modo que el de “doble” y otros, han estado presentes en nuestra cultura y en las tradiciones mágicas desde tiempos remotos. En nuestra época, sin embargo, ha sido popularizado especialmente a partir de Jung y su aportación a la psicología. La Sombra es todo aquello que forma parte de nuestro ser, pero que nuestra identidad consciente no acepta como propio y, por lo tanto, la personalidad reprime en el intento de impedir su manifestación.

Posiblemente uno de los ejemplos literario más claros de los problemas que puede causar la sombra es la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, en la que un respetable médico acumula los aspectos oscuros de su psique hasta crear un monstruo que, por momento, domina y actúa a sus espaldas.

Sin embargo, en la Sombra no se acumulan sólo aspectos negativos, también van a parar a los suburbios de la personalidad aquellos rasgos positivos con los que no nos identificamos, todo aquello que nos parece demasiado bueno, o poderoso, o bello. En este caso, algunos autores hacen una diferencia para hablar de la Sombra dorada.

Los contenidos reprimidos en la Sombra tienen tendencia a manifestarse como proyecciones externas, más o menos intensas. Los motivos de esta proyección requerirían una discusión extensa, pero podemos considerar que la psique añora ser reconocida como una entidad completa, total, es decir, el estado anterior o subyacente a los límites impuestos por el ego o la identidad consciente.

Dicho de otro modo, somos mucho más – y mucho más extraños- de lo que reconocemos como “nosotros mismos”.

‘Cat People’ (1942)

La sombra y la configuración del destino

Una de las citas más conocidas de Jung resume: “Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida, y tú le llamarás destino”. Por más que nuestras posibilidades en bruto sean mucho más amplias de lo que podemos imaginar, en cuanto llegamos al mundo de la manifestación, encarnados como seres humanos, nos vemos limitados por dos factores clave: el tiempo y el espacio.

En este ámbito concreto nuestros recursos no son infinitos y tan pronto como empezamos a respirar (o, posiblemente, algo antes), es necesario escoger, de forma consciente o inconsciente, a qué destinamos estos recursos vitales. La naturaleza nos ha dotado de mecanismos o procesos automáticos para la supervivencia de la especie, de forma que cada individuo nace con una serie de canalizaciones o circuitos conformados por su entorno inmediato, para que sus energías y recursos vitales fluyan sin que deba detenerse a pensar en ello.

Así identificamos las líneas del destino, determinadas por los cielos (la influencia de los astros según el momento del nacimiento), por la tierra (el territorio en el que nacemos, y de cuya materia emerge nuestro cuerpo físico), y, especialmente, de nuestro entorno humano (la familia y la comunidad).

El énfasis en la individualidad que la cultura occidental ha hecho en los últimos siglos olvida, a menudo, que somos parte viva de una red que incluye nuestra familia y comunidad humanas, pero también toda la comunidad que se extiende más allá del ámbito humano. En las antiguas visiones de la encarnación, el espíritu desciende de los cielos a la materia, vistiéndose en el proceso de estos elementos determinantes no sólo de su cuerpo físico, sino también sus características psíquicas, algo que podríamos considerar el destino repartiendo las cartas (buenas o no) con las que jugaremos la partida de la vida. Obviamente, aquí depende de la habilidad de cada jugador saber extraer provecho de ellas.

Patrones y guiones

Estas determinaciones iniciales, a las que se pueden sumar algunas adquiridas en nuestro proceso de crecimiento y educación, reciben en ocasiones el nombre de “patrones”. Un patrón es una situación o un conjunto de personajes y situaciones que se repiten a lo largo de nuestras vidas o, incluso, que pueden repetirse de diferentes formas en las vidas de diferentes miembros cercanos de una familia o comunidad. Cuando se trata de cosas que juzgamos negativas, se experimentan como una especie de “maldición familiar”, mientras que cuando las juzgamos positivas se convierten en una especie de bendición o don heredados. Sin embargo, no dejan de ser una de estas determinaciones que yacen en el inconsciente, en el territorio de la Sombra, como un guion a seguir.

Cuando aún no somos conscientes de ellos, los patrones o guiones de nuestro inconsciente son proyectados al exterior, particularmente sobre otras personas, de manera que tenemos la sensación de encontrarnos siempre en las mismas situaciones o con el mismo tipo de personas. Esto se ve muy claro en las relaciones personales o laborales. Independientemente de la tendencia que podamos tener para “atraer” cierto tipo de situaciones o personas, el peso del resultado de estas interacciones recae en la interpretación que damos a estas experiencias.

Oedipus Rex (1957)

La antigua tragedia griega refleja muy bien estas situaciones, y tal vez por ello da nombre a complejos identificados por la psicología moderna. Como en el mito de Edipo, cuando detectamos un patrón negativo en nuestra vida (un destino) tendemos a querer huir de él, buscando la persona o la situación más distante posible, y aún así la vida parece retorcer nuestro camino de forma prodigiosa, para enfrentarnos precisamente con aquello que pretendíamos evitar. Otra gran lección que encontramos en la tragedia griega es la manera en que una misma situación se repite de generación en generación, como una maldición familiar, y como el eco de una falta y su necesidad de expiación recae en los miembros más jóvenes aún cuando ellos no la hayan cometido, o no sepan siquiera que se cometió.

Parte de nuestra labor como individuos (el famoso proceso de individuación, o realización personal) consiste precisamente en superar estos patrones, ir más allá de estas limitaciones. Si el contenido de nuestra Sombra puede condicionar nuestras vidas de una manera tan innegable y tangible, podemos entenderlos también como una enorme fuerza a nuestra disposición, siempre que seamos capaces de liberarla de las redes (los canales, circuitos o sistemas) en los que está atrapada. Por esto, cuando deshacemos un sólo nudo, cuando deconstruimos uno de estos patrones que atrapan nuestra fuera psíquica, inmediatamente logramos un incremento en nuestra vitalidad, y una ampliación de nuestra percepción.

Ilustración de Carl Jung

El problema con la psicología moderna es que parece haberse hecho vieja antes de tiempo, o más bien, ha sido envejecida y encerrada en una residencia lujosa, pero angustiante. La actualidad está saturada de lecturas blandas y cómodas sobre arquetipos y simbolismo, como si la vida fuera una actividad de entretenimiento para el fin de semana. De alguna manera, ir al psicólogo se ha convertido en muchos casos en algo respetable, porque estamos seguros entre las cuatro paredes de la consulta, y saldremos de allí bien preparados para encajar en la sociedad que nos ha criado. Sin embargo, si uno ojea cuatro cosas sobre la Jung, encontrará que su vida estuvo llena de conflictos, aventuras y maravillas difíciles de explicar desde la tibia sensatez que se nos pretende inculcar, y que la vía que abrió a través de su conocimiento y experiencia ha sido antes ocultada que explorada.

Por más que aquí hablemos de brujería o práctica mágica, no conviene olvidar que la psicología tomó para sí nociones, imágenes y nombres de las antiguas tradiciones para pavimentar un sendero contemporáneo que transita las mismas realidades.

 


Autoría:

Vaelia (Laura Lleonart) desconfía de los títulos, pero ha dedicado los últimos 20 años de su vida a la investigación y difusión de las tradiciones mágicas y espirituales… Con unos cuantos más en la práctica, ha vivido muchas aventuras y visto un poco de todo. Actualmente se dedica a hacer de editora de WITCH Hispana, y llevar los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.