Por Vaelia.

Si consideramos el territorio de la Sombra como todo aquello que se extiende más allá de los límites de nuestra consciencia, la Sombra es una personalización de estos contenidos, nuestro doble nocturno, la parte de nosotros que sabe como moverse en este ámbito, y nuestra mejor guía. La Sombra puede adoptar muchas formas, muchos carácteres, muchas voces, precisamente porque no está sometida a las limitaciones del ego o la personalidad consciente, sim embargo, sabremos que es “nuestra” sombra porque los amplía o completa.

La Sombra contiene toda la información que recibimos del mundo pero que escapa a nuestra conciencia, dado que ésta no puede hacerla caber en el apartado de la memoria al que tiene acceso de forma ordinaria. Todo aquello que la conciencia, por practicidad, o debido a nuestros patrones, censura o descarta: Las cosas que no queremos ver, las posibilidades que no nos atrevemos a admitir.

Debido a la posición dominante de la conciencia, la Sombra puede llegar a manipular nuestra percepción, en ocasiones de forma violenta, pero más a menudo de forma subrepticia. Por este motivo la conciencia debe mantenerse atenta y ser capaz de identificar las huellas de aquel que ha entrado en la casa mientras dormía, identificar la pauta, el guion o el patrón en acción y descubrir cómo desmantelar la trampa.

Eleanor Vere Boyle, Beauty and the Beast, 1875

 

Dado que, debido a nuestra educación, vivimos de espaldas a ella, la Sombra trata de llamar nuestra atención para advertirnos de peligros, o hablarnos de necesidades que nos negamos a reconocer. Y a menudo lo hace a través de proyecciones terribles, enfermedades o accidentes. También es común que, acostumbrada a este trato, la Sombra desconfíe de la conciencia. Por otro lado, será necesario aprender a redirigir nuestra conciencia hacia un mundo que ha tendido a forzar e ignorar.

No se trata de invertir una situación de dominio, cuando trabajamos los aspectos de la Sombra como los de la conciencia de forma simultánea y coordinada, ambos se ven modificados y aprenden a colaborar. La conciencia – o personalidad consciente- deviene más flexible, abierta, apreciativa, mientras que la Sombra aporta informaciones valiosísimas, favorece y sostiene los procesos de transformación con una fuerza que a menudo no nos explicamos de dónde procede.

En este proceso hay tres puntos esenciales:

I. Tomar consciencia de la naturaleza y función de la Sombra. Esto es lo que hemos intentado hacer, por ejemplo, en la introducción de este artículo. Pero, de hecho, la Sombra, es un tema inagotable, así que siempre quedará algo que aprender al respecto.

II. Dirigir nuestra atención a los mensajes que nos envía la Sombra. Estos mensajes pueden ser directos, a través de los sueños, las sensaciones físicas o determinadas impresiones (intuiciones de todo tipo), pero también pueden ser indirectas, y las detectaremos por medio de la observación e identificación de patrones activos en nuestras vidas. Se trata de un proceso de escucha, o atención, que implica ir modificando la consciencia desde su posición inicial proyectiva, para ser capaz de asumir un sereno estado de receptividad.

Meditación

La manera más práctica de ir predisponiendo nuestra consciencia es incluir la meditación en nuestra rutina diaria. No es necesario realizar largas sesiones, con 10 minutos al día es suficiente para empezar (aunque es posible que luego, de forma natural, tengáis ganas de alargar este tiempo). Lo que se hace en esta meditación es, sencillamente, identificar el contenido mental y emocional con el que cargamos. Esto permitirá que, cuando necesitemos trabajar algún aspecto concreto, seamos más hábiles en detectarlo, separar-lo del resto y captar su evolución.

III. Demostrar a la Sombra que estamos dispuestos a atender a sus necesidades y consejos.

Como hemos mencionado antes, inicialmente la Sombra desconfía, y cuando empezamos a trabajar con ella es muy posible que nos escupa a la cara muchas cosas que a las que habíamos hecho oídos sordos: Carencias, culpas, descontentos, miedos o heridas de todo tipo. Por esto, a menudo, se teme a las Sombras. Cuando la Sombra no encuentra otra vía de comunicación, se expresa a través del cuerpo físico en forma de dolor, o incluso, de enfermedades o accidentes.

Así que, a menudo, trabajar con la Sombra nos lleva por un sendero contraintuitivo, hacia todas aquellas cosas que desearíamos evitar o rehuir. En este aspecto, es importante tener en cuenta que las cosas no desaparecen por el hecho de no mirarlas y que sólo siendo conscientes de ellas podemos aspirar a modificarlas. La conciencia dormida, o medio despierta, el ego, es como un niño que corre detrás de las cosas brillantes, se deja engañar con promesas, busca siempre el camino más corto y sólo quiere hartarse de chucherías.

Para ganar la confianza de la Sombra será necesario ejercitar la constancia en nuestra aproximación, demostrar que estamos dispuestos a escuchar y tener en cuenta todo aquello que tenga que decirnos.

Diario

La otra práctica básica recomendada es llevar un diario en el que dejemos constancia de nuestras emociones, impresiones, reacciones, especialmente con relación al tema que estemos trabajando en el momento. En este apartado debería incluirse también el diario de sueños.

El hecho de escribir es un trabajo de la conciencia, una herramienta para llevar el material de la Sombra – a menudo caótico- a la luz, a un orden que nos resulte comprensible. El esfuerzo de encontrar las palabras y poner por escrito nuestras percepciones nos ayuda a trabajarlas de una forma que no sería posible si sólo las dejáramos dando vueltas en nuestra cabeza. Al mismo tiempo, cuando escribimos dejamos registro de ideas, pistas o incluso claves que sólo serán identificables cuando las recuperemos algún tiempo después.

Los mensajes de la Sombra pueden llevarse al mundo de la conciencia también a través de representaciones plásticas, el trabajo con diferentes imágenes o materiales, el ritual o la representación y, por supuesto, las acciones cotidianas. Se trata de enviar una señal concreta en el tiempo y el espacio de que el mensaje ha sido recibido. Por ejemplo, si tenemos una serie de sueños relacionados con el mar, no estaría de más acercarnos a la playa, si tenemos un antojo súbito de cierta fruta, irla a buscar, si del fondo de la memoria emerge un fragmento de canción, escucharla completa.

 

Theodor Kittelsen, The Princess picking Lice from the Troll, 1900

 

A medida que los contenidos de la Sombra van pasando a la conciencia, y al revés – como si se tratara de un juego- se van transformando en un proceso cercano a la destilación. En la medida que impliquemos en esta danza los diferentes aspectos de nuestras vidas, éstos también se verán afectados.

El trabajo con la Sombra es muy entretenido, especialmente para aquellos que disfrutamos del arte y el ritual, porque presenta infinitas posibilidades de exploración, pero también es algo que, de una manera u otra, será necesario incorporar en nuestra cotidianidad.

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Autoría:

Vaelia (Laura Lleonart) desconfía de los títulos, pero ha dedicado los últimos 20 años de su vida a la investigación y difusión de las tradiciones mágicas y espirituales… Con unos cuantos más en la práctica, ha vivido muchas aventuras y visto un poco de todo. Actualmente se dedica a hacer de editora de WITCH Hispana, y llevar los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

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