El Trabajo con la Sombra es un asco (pero es necesario)

Por Laura Lleonart.

No existe algo así como “el trabajo con la Sombra fácil”.
Si resulta fácil, no es efectivo.

Existen, por supuesto, aproximaciones a la Sombra, estrategias para familiarizarnos con ella, ampliar los límites de nuestra personalidad consciente, hacer algo de limpieza y potenciar nuestra práctica.  Pero el trabajo con la Sombra no está para hacernos más ricos, más exitosos o amados – aunque esos puedan ser algunos de los efectos secundarios- porque, a medida que descendemos a nuestro propio Inframundo, esas cuestiones sencillamente se quedan en la superficie.

Nos alejamos progresivamente de ellas a medida que vamos más y más abajo, hacia lo que realmente está mal, hacia lo que duele (y huele) como una herida que se ha ido pudriendo mientras pretendíamos que no estaba ahí en absoluto, sólo porque todos estos años hemos conseguido llevar una vida “más o menos normal”.

El trabajo con la Sombra da un poco de asco a veces, cuando abrimos la caja de Pandora y empiezan a salir todos los rabiosos demonios que teníamos encerrados, cuando la llave del cuarto prohibido no deja de sangrar. Ciertamente uno puede desanimarse y pensar «mejor me hubiera quedado como estaba».

Pandora, atribuída a Frederick Stuart Church (1842–1924)

Hace muchos años escuché una reconocida autora de autoayuda (1), hablando al respecto. Comentaba que este proceso es muy parecido al momento en que nos decidimos a limpiar una olla muy sucia. Lo hemos estado tratando de evitar, pero en algún momento tenemos que ponernos a ello -dado que esa olla es nuestra vida y no podemos comprar una nueva-.

Cuando empezamos, y se desprende la grasa y la suciedad incrustadas, y no sabemos cómo colocarla en el fregadero y salpica todo…  La olla aún no está limpia y la suciedad allí concentrada parece inundar ahora la cocina e incluso a nosotros, y definitivamente parece que la cosa se ponga peor de lo que estaba en un principio.

Lo mismo sucede cuando hacemos limpieza profunda en casa, está todo patas arriba y nosotros agotados y hechos una porquería… sería algo embarazoso recibir visitas. Eventualmente terminaremos la tarea y estaremos mucho mejor, pero puede llevarnos más tiempo de lo previsto.

Un tiempo que necesitamos para nosotros, que nadie nos ha educado para concedernos y que en ocasiones no se respetará. Al fin y a cabo vivimos en un sistema en el que somos poco más que bestias que tiran del carro hasta que caen y se abandonan a pie de carretera. A nadie le importa cómo estén, mientras se puedan seguir explotando.

Cualquiera que nos encuentre en ese momento de tránsito, puede pensar que nuestra vida, o nosotros mismos, somos un desastre. Y puede que lo seamos, pero ni más ni menos que otras personas. Es importante tener en cuenta que el objetivo del trabajo con la Sombra es estar mejor, pero de verdad, de forma independiente a las circunstancias. En consecuencia, también seremos mejor compañía e influencia en nuestro entorno.

Puede resultar doloroso darnos cuenta de que tal vez algunas de las personas a las que queremos no estarán ya para ver el resultado de nuestro esfuerzo, pero siempre habrá otras. Posiblemente nuestra vida resultará en algo muy distinto de lo que habíamos imaginado. Y en cualquier caso habrá valido la pena.

Pandora, Thomas Benjamin Kennington, 1908

Como pasa cuando limpias algo que hace mucho estaba abandonado en un trastero cubriéndose de polvo, podemos constatar que las cosas no son necesariamente lo que nos parecen en un momento determinado, y que el trasto del que en principio hubiéramos preferido deshacernos resulta ser una antigüedad, o una joya. Como siempre, si descubrimos eso en nosotros mismos, nuestro entorno también se abre a esa calidad de vivencia.

En cuanto les demos una oportunidad – es decir, en cuanto nos pongamos serios con el tema – los caminos de la Sombra nos llevarán al corazón de nuestros problemas y preocupaciones, a aquellas cuestiones encerradas en el sótano, que nuestras resistencias y rodeos no hacen más que agravar.

Puede que hayamos vivido muchos años ignorando que aquello estaba ahí, pero una vez lo vemos, sólo podemos huir, o tratar de enfrentarlo. Por miedo que nos dé, por desagradable o difícil, o inoportuno que nos parezca tratar esos temas, huir sólo empeorará la situación a futuro.

Nadie desciende a las Sombras para quedar allí atrapado, porque en cuanto entendemos cuál era el problema, comprendemos también que hay mucho más por conocer y vivir que lo experimentado hasta el momento.

Mirar a los ojos a los auténticos problemas, meter el dedo en la herida apestosa, y atender lo que debe ser atendido, es única vía posible para la transformación. Y, definitivamente, podemos seguir nuestra curiosidad como camino de regreso y preguntarnos cómo va a ser nuestra vida sin todos esos miedos, pesos, angustias, límites o condicionantes con los que hemos cargado sin saberlo, que nos han condicionado sin siquiera despertar nuestras sospechas.

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Nota: Si crees que los autores etiquetados como “autoayuda” no tienen nada que decir respecto al trabajo con la Sombra, deberías revisar tus prejuicios. Algunos de ellos estaban allí ayudando a personas a salir de adicciones, lidiar con enfermedades terminales, o a visibilizar temas como el sida cuando era un auténtico tabú social, mientras que muchas personas etiquetadas como “brujas” hacen poco más que preocuparse por salir bien en las fotos.

Imagen principal: The Nightmare, Henry Fuseli, 1781.


Autoría:

Laura Lleonart (Vaelia). Editora de WITCH Hispana, y artífice de los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

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