Por Nandi Hetenyi.

Cuando era pequeña, solía hablar con la luna todo el tiempo.

Sin importar su fase, sin importar su cara. Sin importar la hora del día, siempre parecía poder encontrarla en el cielo.

Pensaba que la luna era la cara de dios y la lluvia eran lágrimas que enviaban sal para limpiar nuestras heridas y agua para hacer crecer los arboles de nuestros corazones.

Mi primer usuario online fue Moongirl75. Lucía una luna creciente alrededor de mi cuello. Parecía como cosa de niños, pero creo que, como niños, siempre sabemos y esa inocencia no es ignorancia.

Me encantaba jugar a la luz de la luna. Es la luz alrededor de la sombra que nos permite saber que la sombra esta ahí. La sombra no es oscuridad, no hay sombra en la oscuridad.

Es casi como si esta sombra fuera un espacio intermedio en el que estamos destinados a habitar más, pero estamos condicionados a sentir miedo.

La sombra, se nos enseñó, es un lugar tenebroso donde ponemos todas las cosas que no queremos ver o saber o sanar sobre nosotros mismos.

Pero, ¿Pondríamos eso en la oscuridad?, ¿No será que más que el miedo a la sombra, es el miedo a lo que podríamos ver si encendemos la luz en la oscuridad?

La sombra es una mezcla de luz y oscuridad, una danza en el medio, justo como nosotros, encarnando la luz de lo divino y del oscuro misterio de la tierra y la luna. No hay nada que temer.

Esto es la medicina de la luna

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Siempre hay un tiempo para levantarse, un tiempo para caer, tiempo para persistir y un tiempo para ceder.

Un tiempo natural de crecimiento y expansión, luego el consiguiente tiempo para las subidas y bajadas de mareas. Sólo hay constancia forzada; la naturaleza no es consistente excepto en sus cambios.

La oración de luna trata de balance y corazón, honrando tanto el misterio como el impulso del conocimiento racional.

Somos una encarnación de este gran intermedio. Debemos persistir en recordar que los misterios son también parte de quienes somos.

A veces el misterio reside en el olvido, porque cuando olvidamos, esto hace que el recuerdo sea más valioso. Ya no podemos tomar el misterio, o cualquiera de sus regalos, por sentado.

Debemos perder nuestrs conexión y encontrar la reconexión para poder disfrutar, entender y vivir realmente la devoción y el aprecio por la realidad y la verdad que esta misteriosa vida nos presenta.

Para honrar realmente al universo como una gota dentro de nosotros, expresada como nuestra alma. Nos olvidamos de recordar, y luego apreciamos. Entonces, lo entendemos. Nada de esto importa hasta que estamos listos para captarlo.

Lo recuerdo cada vez que me olvido. Olvidar es parte del ciclo, y me ayuda a dejar ir. Aferrarse crea conflicto y cuando hay conflicto, no hay comprensión.

Se dificulta la entrada al amor. Para todos los que pasamos por ella, la fase del olvido es aquella en la que debemos conocer y descubrir por nosotros mismos. Estamos en nuestro propio rumbo a través del tiempo.

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Fluye y fluye como nosotros. Siempre hay más. Siempre hay un gran vacío. Y nuestra alma siempre está ahí. La luna siempre está ahí.

El suelo firme de esta tierra siempre está ahí. Nuestros corazones nos empujan a descender a la raíz, a sincronizar con el latido de la tierra.

Ese anhelo de conectarnos con algo más grande que nosotros mismos, de sentirnos seguros experimentando cualquier emoción, de decir la verdad y de saber diferenciar entre el miedo a las heridas y el miedo de adentrarnos en la totalidad. Se sienten iguales, pero no lo son.

Todos nos estamos moviendo consciente o inconscientemente hacia nuestra totalidad, como si la luna siempre se estuviera acercando y alejando de sí misma.

Los misterios viven en el medio, los espacios en los que estamos destinados a habitar y personificar mientras bailamos y nos movemos en este bucle infinito de la vida, siempre recalibrando ese punto central.

Encuentra el camino hacia el corazón de tu corazón y ama los huesos de tus huesos. Siente el sagrado anhelo de la comodidad de tu propia piel. Aúlla a la luna. Tus lágrimas son oraciones. Tu corazón, tierra santa. Tu alma, una gota sagrada del universo tan viva como tú.

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Autoría:

La Dra. Nandi Hetenyi es sanadora, acompañante del duelo, escritora, médium. Recibió su doctorado en psicología clínica de CIIS, además de pasar más de 15 años estudiando y practicando budismo, yoga, meditación, viaje chamánico, rituales, sanación energética y crecimiento personal. Ella imagina un mundo en el que nos sentimos cómodos en nuestra propia piel y estamos felices de ser humanos. Puedes seguir a la Dra. Hetenyi en Instagram y obtener más información sobre su trabajo en su sitio web, www.sacredalchemyhealing.com.

 


 

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