SOMBRA, PODER Y CREACIÓN: “Siempre consigues exactamente lo que quieres; y a menudo, sin tú saberlo, lo que más quieres es algo muy, muy oscuro” –

Advertencia: este ensayo trata acerca de las dinámicas de sentirse atrapado en los patrones de víctima vs. perpetrador. Los conocimientos aquí expresados sugieren un camino hacia la libertad interior que nos lleve a dejar de sentirnos atraídos a dichos patrones, sin negar o invalidar por ello las realidades del abuso y la adversidad. Si estás en una situación que te está causando dolor, por favor aléjate de ella tanto como te sea posible antes de iniciar este tipo de trabajo.

Creación del Mundo 101

El año pasado me inicié en una práctica radical.

Me tomé muy en serio dos provocativos aforismos, “tener es evidencia de querer” y “siempre tengo exactamente lo que quiero”.

Usé estos principios bastante raros como lupa para examinar la sombra del carrete de la película de mi existencia.

Comencé a observar de qué forma estas frases podrían llegar a ser verdad según mi experiencia, especialmente en los momentos en los que, sin duda, parecía no estar obteniendo lo que buscaba: momentos de conflicto, confusión, desilusión.

Lo que descubría constantemente con estas indagaciones me hacía sentir como cayendo en una madriguera de conejo psicodélica y tecnicolor de consciencia no-dual, y me aportaba una satisfacción mayor de lo que nunca antes había soñado que fuera posible.

(Cayendo, cayendo, cayendo)

Dónde empieza la madriguera:

Rechazada. Insultada. Incomprendida.

Desamparada. Triste. Abandonada. Pobre. Atrapada.

Mi máscara consciente tiene muy claro que estos son estados en los que yo no me quiero sentir.

¿Entonces por qué no dejo de encontrarme en situaciones en las que estas asquerosas emociones me invaden?

Por supuesto, no soy la primera persona en sentir curiosidad sobre esta paradoja de desear genialidad y obtener aparentemente cosas chungas en su lugar. Hay una observación Mahayana tradicional budista que dice:

“Todos los seres sensibles desean encontrarse con la felicidad, y sin embargo todos los seres sensibles encuentran sufrimiento.”

Sip.

No sé exactamente si todos los seres sensibles, pero he descubierto por mí misma que las experiencias con que me encuentro en el mundo que me rodea (relaciones, situaciones) muy raramente encajan con las preferencias de mi máscara consciente.

Cualquiera de las preferencias que yo pueda tener por las cosas que aparentan ser lo que yo quiero, es automáticamente ignorada, se hace añicos, se vuelve irónicamente retorcida y, por regla general, el Universo va y les caga encima.

Lo cual he decidido que, en verdad, es estupendo…

…porque me permite darme cuenta de que mientras que las relaciones y las situaciones que se manifiestan a mi alrededor raramente coinciden con mis preferencias, éstas siempre, infaliblemente, y con una precisión escalofriante, reflejan y ponen de manifiesto los deseos de una parte mucho más profunda y más saturada de poder de mí misma: mi sombra.

“Tener es evidencia de querer”, pienso para mí. “Entonces, ¿si tengo toda estas cosas chungas encima, es que hay alguna parte de mi las quiere?”

En resumen, sí.

La vida en un cine de mala fama

Imagina que tu mente es un proyector holográfico de películas.

La película que está puesta está coloreada e impresa con todos tus condicionantes, todo lo que es tu identidad, todos tus patrones habituales, todas la verdades que te gustaría comprender.

La luz que brilla en el proyector es la luz de la consciencia misma.

La gran luz de la consciencia fluye a través del film que está coloreado con tus condicionantes, tus creencias, tus hábitos, e identidad; y a través de este filtro, la luz de la consciencia proyecta a tu alrededor una película holográfica que muestra precisamente aquellas cosas que están grabadas en el film.

Si piensas en ello, todo lo que está grabado en la cinta es en realidad un tipo de sombra. Está ahí para bloquear o distorsionar la luz de una manera específica, de modo que haya algo que proyectar.

Esto no es para nada algo malo. Es maravilloso en verdad: sin las sombras impresas en la cinta sólo quedaría una luz pura y brillante, sin silueta y sin forma.

La luz pura y brillante está muy bien y demás, pero no da lugar a una experiencia cinemática cautivadora, eso por supuestísimo.

(Todo el tiempo se producen espectáculos populares en el cine de la vida)

Se podría decir que casi toda práctica espiritual del planeta está diseñada para estimular de una u otra forma nuestra reconocimiento de que esta proyección holográfica está ocurriendo.

Una vez que reconocemos que está ocurriendo, es en verdad bastante sencillo darse cuenta de que la consciencia que brilla a través de cada uno de nosotros como individuos, es la misma consciencia que brilla detrás de todas las proyecciones.

Este es un lugar estupendo para empezar. Es iluminación.

Lo que puede ser mucho más delicado es el tener que reconocer y aceptar que, para empezar, nosotros también somos el artista que grabó las marcas del condicionamiento en la cinta, y que, de hecho, lo que percibimos normalmente que somos, y el mundo que habitualmente experimentamos a nuestro alrededor, es enteramente el resultado de esa deliberada destreza artística.

El reconocimiento y aceptación de nuestro papel como artista de las sombras en la película resulta algo más emocionante que la iluminación espiritual.

Aceptar nuestro poder como artistas que crean su propio mundo y aprender a formar parte consciente de él es… redoble de tambores, por favor… Magia.

La iluminación completa consiste en quedarse de brazos cruzados disfrutando de esa grandiosa luz pura porque te has dado cuenta de que en realidad no hay nada más que hacer, que todo es un holograma.

Disfrutar de la luz es genial y todo lo que tú quieras, pero al parecer nos lleva mayormente a permanecer sentados a los pies de una montaña con un taparrabos. Esta es una forma de vida plenamente viable, y se puede practicar si eso es lo que quieres.

(Este es Ramana Maharshi, sin lugar a dudas una persona encantadora que disfrutó enormemente estar sentado y apreciar la luz de la consciencia)

 

Por lo que a mi respecta, me apasiona más jugar con la magia en el holograma.

(Esto es un retrato de Mahasidda Cabariba haciendo alguna cosa rara mientras sobrevuela las montañas con una amiga suya bien sexy. Esto se parece más a lo que a mí me interesa.)

 

¿Quién sabe qué maldad acecha en el corazón de los hombres? La Sombra lo sabe.

Esto es así: mi sombra es la parte de mi psique que contiene mis condicionamientos, lo que colorea la película.

Normalmente es también lo que no quiero aceptar conscientemente; porque si lo acepto firmemente tendría que volverme completamente consciente del poder que tengo como artista de la película.

Me di cuenta de que mi sombra realmente quería sentirse victimizada, dolida, atrapada, depravada. ¿Por qué quiere sentirse así? Hasta donde llego a comprender, yo diría que busca sentir estas cosas porque quiere:

1) convencerme de que soy en verdad un pequeño ser aparte, individual, del que han abusado y

2) protegerme de la sensación de intensa libertad, satisfacción e intimidad con mi propio ser, con el mundo, y con otros que tienden a aparecer en aquellos breves momentos en que me experimento a mí misma como alguien sin motivo alguno para quejarse o preocuparse.

Lo cierto es que es extraño; ¿por qué debería una parte de mi querer prevenir que surjan sentimientos de intensa satisfacción e intimidad? ¿No son estos parte aparente de la felicidad que quiero?

Bueno, ya ves, no, no exactamente.

Mi máscara dice que quiere satisfacción y felicidad, pero en realidad no.

Lo que quiere es conseguir que se cumpla con sus preferencias y mantenerse en un estado de existencia como un sujeto aislado, y punto. Y me he dado cuenta de que la satisfacción total es inmensamente perturbadora para mi máscara, porque es desagradablemente humillante: tiende a no tener casi nada que ver con mis preferencias.

La satisfacción es humillante. Diezma mi percepción de que soy un individuo aislado.

En otras palabras, mata al ego. Mi identificación dualística como sujeto en un mundo de objetos depende de que yo tenga una experiencia de no-satisfacción, de carencia y de sufrimiento.

Lo voy a decir otra vez: la satisfacción es humillante.

Mi máscara se niega a aceptar hasta qué punto quiere mantener su identidad como un ser aparte; lo cual es la razón por la que todo desemboca a esa parte de mí que es la sombra, la dimensión de mí misma que trabaja más subconsciente que conscientemente.

La satisfacción en la intimidad es especialmente humillante. Es sencillamente lo peor.

Es terrible porque “me” deja fuera de control. ¿Quién sabe lo se llegaría a manifestar a través de mí cuando esté en conexión íntima y satisfactoria con otro ser?

¿O con la energía del propio cuerpo? ¿O con los elementos del mundo natural? Tan solo cosas inescrutables, desconocidas, que francamente ni puedo controlar ni predecir. Es eso lo que se manifestará.

¿Y quién quiere eso? Desde luego que este ego no.

Desesperación diabólica

Así que fui aprendiendo esto: debido al modo en que nuestro mundo se proyecta basado en lo que hay en nuestra sombra, siempre consigues lo que quieres, y a menudo sin tú saberlo, lo que más quieres es algo muy, muy oscuro.

Conflicto. Peleas. Confusión. Violencia. Ira. Depresión. Ansiedad. Carencia.

Todos estos estados pueden manifestarse en la proyección holográfica cuando tienes una sombra de peso: un fuerte deseo de sentirte individual y especial, un terror a la no-existencia.

He descubierto que lo que más quiero, lo que mi sombra más quiere para asegurarse de mantenerse intacta, es la apariencia de un mundo dualista de sujeto y objeto, y el dualismo de sujeto vs. objeto muy rápidamente se convierte en el dualismo de víctima vs. perpetrador.

En otras palabras, mi sombra se ve como víctima de un mundo en el que nunca está haciendo lo que en realidad quiere, se siente resentida y entonces se las arregla para sentirse victimizada por gente y situaciones concretas.

“¿Existir celosamente en unidad con toda la existencia? No, gracias. Me suena soso y aburrido. Prefiero sufrir distintivamente, hasta la saciedad, y dolorosamente como un ser propio y discreto. También me gustaría especialmente molestarme con el universo por crearme y estar tan lejos del modo en que preferiría ser”, dice mi sombra.

Y entonces, milagrosamente y con una pasmosa precisión, el mundo a mi alrededor parece brindarme aquellas personas y circunstancias que ayudan a confirmar y justificar la apariencia del conflicto dual y la victimización que mi sombra quiere.

Esto es la mismísima actitud que el filósofo danés del siglo XIX Soren Kierkegaard identificaba como “desesperación diabólica”.

De acuerdo con Kierkegaard en La enfermedad mortal, la desesperación diabólica consiste en “querer desesperadamente ser uno mismo”.

Es reconocer que no nos gustamos tanto, anhelar ser diferentes y mejores, imaginar que si fuéramos los creadores de nosotros mismos y del mundo haríamos un trabajo mucho mejor que el de Dios, y estar cabreados con Dios por hacernos menos perfectos de lo que nos haríamos nosotros mismos si tuviéramos poderes como los de Dios.

El sello distintivo de la desesperación diabólica es una actitud de resentimiento hacia nosotros mismos, hacia otros, hacia la Realidad y la divinidad misma.

Es un péndulo increíblemente auto-perpetuador ya que cuanto más resentidos estamos, más nos sentimos atraídos hacia situaciones y gente que nos hace sentir victimizados, y más excusas tenemos para resentirnos “legítimamente”.

Nos sentimos desamparados, heridos y amargados por nuestra falta de poder para crear un mundo a nuestro alrededor que se sienta lleno de belleza.

El antídoto

Estoy aprendiendo que el antídoto a una vida de conflicto atraída por el hábil e intenso ímpetu del magnetismo de mi sombra implica:

Permitirme a mí misma gozar tremenda, diabólica y maliciosamente de la “oscuridad” hacia la que me ha atraído mi sombra.

Sea lo que sea: una pelea con un amigo, una traición en una relación, una catástrofe en mi carrera.

Sólo cuando experimento esta revelación y el gozo insano de aquello que me está “victimizando” empiezo a darme cuenta de que no estoy desamparada (soy un súper-imán) y que estoy obteniendo precisamente lo que quiero: la oportunidad de sentirme separada y explotada.

Esta revelación, este disfrutar de la ira, la carencia o el miedo, es un paso enormemente importante para la integración de la sombra y para conseguir der un uso consciente a su poder.

Mientras me niegue a disfrutar genuinamente lo que he creado (incluso cuando intelectualmente reconozca mi papel al generar la circunstancia) me sentiré víctima, y no percibiré la verdadera profundidad y poder de mi magnetismo.

La paradoja aquí es que es sólo cuando reconozco y disfruto completamente mi poder para atraer circunstancias muy oscuras a mi vida, puedo interrumpir realmente la sensación de resentimiento habitual de mi sombra.

Y sólo al interrumpir el resentimiento hacia mi sombra y comprendiendo completamente cómo he creado el daño y la desconexión mientras me enredaba en mi resentido estupor, puede manifestarse algo más en mi experiencia: un torrente de gratitud.

No una gratitud en plan “aprieto los dientes” y “tarjetitas de felicitación en tonos pastel”, sino una gratitud loca, enérgica y desmesurada.

Esta es la misma fuerza que Chogyam Rinponche, el fundador del Budismo Shambhala, llama “caballo de viento”; es la bondad básica, hacia uno mismo y hacia el mundo, experimentada como un torrente de energía e interés inspirador hacia otros.

Para hacerte una idea de esta clase de enorme gratitud liberadora recuerda a Scrooge en la mañana de Navidad, casi cayéndose en ropa interior de la ventana de su habitación mientras manda alegremente a un niño a comprar un ganso para sus familiares menos afortunados.

“¡Ey, tú, chico! ¡Toma estos 10 cuartos de penique! ¡Píllame un pavo, el más gordo que encuentres! ¡Y cómprate algo de pudin navideño! ¡He integrado mi sombra, Feliz Navidad!”

Después de esta primera avalancha de gratitud, la tarea consecutiva (e imagino la tarea consecutiva que se le presentó a Mr. Scrooge) es el percibir continuamente hasta qué punto es ficticio identificarse como un ser pequeño, separado, discreto y herido que existe separado de todo lo demás y del momento presente.

Cuanto menos hipnotizada esté por la ficción de mi ego, más consciente me vuelvo de mí misma como la artista que imprime el film, y más divertido resulta jugar en este mundo holográfico.

Si el trabajo de liberar el poder de tu sombra de modo que puedas jugar más libremente en el mundo te interesa, te sugiero fuertemente que recibas entrenamiento. Es la única forma en la que he podido hacer todo esto.


Autoría:

Carolyn Elliott es editora de WITCH magazine y una coach con una peligrosa reputación. Es autora de Awaken Your Genius: A Seven-Step Guide to Uncovering Your Creativity and Manifesting Your Dreams.  Es conocida por su extraña e incómoda habilidad para sonsacar a personas mágicas realmente inteligentes y de alto rendimiento y conseguir que hagan las cosas que en realidad quieren hacer.

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