Cobrar o no cobrar

Por Laura Lleonart.

¿Es lícito cobrar por los servicios o enseñanzas mágicos?
Incluso cuando tenemos una idea bastante clara al respecto, en algún momento nos hemos encontrado con alguien que sostiene una postura radicalmente opuesta a la nuestra. Esto debería hacernos pensar que la respuesta implica diversos factores y puede que no sea suficiente esgrimir apasionadamente un “sí” o un “no”.

Todo intercambio, incluido el económico, es una forma de relación.
Como en tantas otras cuestiones que atañen a la brujería o a la magia, existe un vínculo que es necesario sostener en equilibrio a medida que evoluciona con el tiempo, y que sin el cuidado adecuado puede resultar nocivo para uno u otro de los extremos que los sostienen. Se trata de considerar las relaciones de poder que permean nuestro ámbito más cotidiano, nuestro trato con los demás y con el mundo que nos rodea.


Grandes Sombras: Relaciones parasitarias, abusivas y de dependencia

 

El principal argumento entre quienes defienden que no se debe cobrar, es acusar a aquellos que sí lo hacen de ser poco respetuosos con las tradiciones, sirviéndose de ellas en lugar de protegerlas y, a menudo, desvirtuándolas o deformándolas a su favor.

También se considera un tipo de relación abusiva o parasitaria respecto a aquellos “clientes” en los que, en ocasiones, se crean una serie de expectativas eternas, que nunca llegan a satisfacerse por completo, asegurando su retorno y dependencia.

Pero lo cierto es que muchos grupos poco recomendables atraen y retienen a sus seguidores a través de servicios o enseñanzas gratuitas, en las que de todos modos también se desvirtúa y deforma la tradición.

La relación abusiva no siempre tiene como objetivo principal el rendimiento económico, sino el poder. Inicialmente se buscará la dependencia emocional, e incluso puede darse una dependencia económica.

El lado oscuro de la generosidad crea una situación de endeudamiento, atrapa a la persona en la sensación de que nunca podrá devolver todo lo que se ha invertido en ella, y generalmente a plena disposición del sujeto o grupo “generoso”.

En ambos casos, el intercambio económico es sólo un factor entre muchos, y no siempre resulta determinante.

 

Si nadie puede comprar conocimiento, ¿Por qué pagamos entonces?

 

El único método de transmisión de ciertos conocimientos está en la convivencia íntima con aquello de lo que aprendes. Si aquello de lo que aprendes son otras personas, se trataría de vivir en la medida de lo posible como ellas y trabajar como ellas – normalmente, en calidad de asistente o aprendiz-.

Pocos tienen la oportunidad, o están dispuestos, a dejar de lado sus habituales ocupaciones, y lo que buscan como forma de aprendizaje es el modelo proporcionado por la sociedad en la que vivimos: Libros, aulas, talleres y espacios de práctica, un retiro eventual…

No hay que engañarse, nadie paga por el conocimiento, sino por los medios que otros elaboran o ponen a nuestra disposición para adaptar esos conocimientos a un formato adecuado para facilitar nuestra comprensión: Pagamos por los espacios necesarios, por el tiempo que ha llevado esa elaboración, y por el tiempo que nos ahorra a nosotros.

Ciertamente, podemos leer los libros que esa persona ha leído y aprender de nuestra propia experiencia. Pero reconocemos que, en ocasiones, la intervención ajena puede ser de ayuda. Podemos invertir en este apoyo, como podríamos hacerlo en un dietista o un entrenador. Esto no nos dará nada que no seamos capaces de hacer por nosotros mismos, se trata acceder a un conjunto de herramientas que no servirán de nada a menos que las utilicemos para aquello que sirven.

Aunque, por supuesto, estamos socialmente condicionados para acumular más que para hacer uso de lo acumulado.

Algo parecido ocurre con materiales y servicios. ¿Acaso no somos capaces de hacer nuestra propia magia? ¿Realmente no podemos confeccionar o ir a buscar apropiadamente aquello que necesitemos para ello? Posiblemente, seria incluso más efectivo. Pero puede que no tengamos tiempo, o que nos guste más cómo lo hacen otras personas. Eso es lo que se paga, el tiempo y esfuerzo delegados en otras personas.

 


El dinero NO es una prueba de que algo está siendo valorado

 

Entre los que defienden el cobro, escucharemos hasta la saciedad la idea de que la remuneración económica es la prueba definitiva de que un servicio o enseñanza está siendo valorado. Esto no siempre es cierto y, a veces, resulta todo lo contrario.

Si nos indigna la imagen de alguien capaz de poner a la venta cualquier cosa y sacar rendimiento de tradiciones de las que, en ocasiones, ni siquiera participa…  La de alguien que cree que puede comprar cualquier cosa que se le antoje, no resulta mucho más respetable.

Incluso en una sociedad en la que a nadie le sobra el dinero, es posible encontrar personas convencidas de que todo lo que necesitan para solucionar sus problemas es abonar la cantidad adecuada. Las cosas no funcionan así. El dinero sólo puede pagar aquello que podemos delegar en otros: No puedes pagar a nadie para que coma, respire, aprenda o desarrolle tu musculatura por ti.

La calidad de un trabajo tampoco depende de cuanto se pague por él. Hay factores objetivos que aumentarán su precio, como la calidad de los materiales o las horas de dedicación que precisa (y sí, puede haber un montón de gastos no evidentes como el mantenimiento de un local). Otros factores, sin embargo, son de carácter subjetivo y tienen relación con el modo en que se especula con él, aquí es cuestión de cada uno decidir si entra o no en ese juego.

Hay personas que están esperando la oportunidad de entregar su dinero, y creen que lo más caro ha de ser lo mejor, sin detenerse a considerar siquiera aquello por lo que están pagando. En consecuencia, otras personas que cobran precios exagerados por trabajos de dudosa calidad.

Esto debería recordarnos que el hecho de pagar por algo no nos exime de la responsabilidad de aplicar nuestro discernimiento, nadie nos obliga a malgastar un dinero que nos serviría mejor invertido en otras cosas.

La mayoría de las personas que aman aquello a lo que se dedican sienten su esfuerzo realmente valorado cuando pueden ver que su trabajo tiene un impacto significativo en las vidas de aquellos que lo reciben. En la atención, el interés o las preguntas que demuestran que han interiorizado la información y la están haciendo suya, en los comentarios que realizan los clientes que demuestran que han hecho algo con los materiales o conocimientos que adquirieron, etc.

Por eso, cuando las circunstancias lo permiten, muchas de estas personas ofrecen sus servicios en el marco de otras redes de intercambio o sistemas de voluntariado, sin miedo a que la falta de remuneración suponga descrédito alguno para su trabajo, o el de otros que se dediquen a lo mismo.

 

 

El peligro de un negocio

 

Todos necesitamos tener un lugar para vivir, comida y acceso a algunos servicios básicos, y el dinero aún es la principal forma de satisfacer estas necesidades. La mayoría de nosotros lo conseguimos, no sin esfuerzo, a cambio de nuestro tiempo, conocimiento y habilidades. Algunos de estos conocimientos y habilidades proceden o están vinculados a las tradiciones y prácticas mágicas.

Hay un mantra que todos los trabajadores del sector servicios odian: “El cliente siempre tiene la razón”. Todos sabemos que no es así, excepto aquellos que hacen uso de su dinero, influencias o poder como medio de presión. Por supuesto, esto no sólo ocurre en el ámbito oculto.

Es posible encontrar a una o varias personas que, sin respeto alguno por el trabajo que haces, exijan que bailes al son que les apetece porque ellos pagan.
Esta clase de situaciones, sin embargo, se da a menudo de formas mucho más sutiles y extendidas en el tiempo, en sugerencias de etiquetado, presentación, materiales, en desvíos destinados a abaratar costes o incrementar ganancias o base de clientes, que acaban por deformar nuestra idea e intención iniciales justificándose por “necesidades del negocio”.

Este es el peligro principal de obtener el sustento básico de algo tan delicado como enseñanza o los servicios brujeriles, perder la libertad o el poder sobre nuestra labor, excedernos en nuestra adaptación a la demanda, a las tendencias del momento, hasta que el origen o la esencia resulte demasiado domesticado, diluido, contaminado, o anecdótico.

De hecho, ni siquiera es necesario que esto provenga de un ansia desmedida por el lucro, sino que surja de nuestro natural deseo de agradar y llegar a otros, o de mirar a nuestro alrededor y pensar que “todo el mundo lo hace”.

Aquí sí entra en juego nuestra ética personal, y la capacidad de mantener nuestro poder para decir que NO cuando algo atente contra ella. De la misma forma que nuestro sentido de la ética puede llevarnos a abandonar un empleo en cualquier otro sector, con mayor razón, al trabajar con determinados temas, es necesario conservar nuestro poder y capacidad de dirigir el rumbo de nuestro proyecto, y negarnos a participar en algo que sabemos que nos desvía demasiado de nuestro camino… Por más que la necesidad apriete.

De otra forma, es posible que nos convirtamos en una parodia de lo que queríamos ser. Y sí, tendremos clientes, o seguidores, o incluso dinero, pero ya nada de esto tendrá demasiada relación con los conocimientos que pretendíamos acercar a otros.

El problema real no está en cobrar o no hacerlo, en pagar o no hacerlo, sino en la relación que se establece entre el que paga, el que cobra, y aquello por lo que se está pagando.

El intercambio económico es un sistema válido, y práctico -aunque existen alternativas-, mientras se mantenga el respeto entre las partes implicadas. Es preciso renunciar a la idea de que cualquier cosa puede ser adquirida mediante el dinero, y aceptar la responsabilidad de pensar en qué invertimos nuestros recursos y con qué fin lo hacemos. Por otro lado, como practicantes, es necesaria la fortaleza de sostener las riendas de nuestros proyectos, cuidar de su integridad y evitar posibles desvíos en nuestra trayectoria que no sólo puedan dar al traste con nuestra credibilidad, sino arrebatarnos cualquier poder y convertirnos en esclavos.

 

Imagen principal: A Visit to the Witch, Edward Frederick Brewtnall, 1882.


Autoría:

Laura Lleonart (Vaelia). Editora de WITCH Hispana, y artífice de los podcasts Encrucijada Pagana y Torre Negra.

 


 

 

 

¿Tu práctica New Age promueve la opresión y la meritocracia?

Por Angela Kaufman

Tal vez pensaste que adentrarte en el misticismo y la espiritualidad de la «Nueva Era» te mantendría a salvo de las actitudes críticas expuestas por las religiones descaradamente patriarcales.

Has trabajado duro para deshacerte de cualquier pensamiento o juicio negativo acerca de otros.

Estás tremendamente iluminado y ni se te ocurre juzgar a alguien por su tono de piel u orientación sexual. Adoras la diversidad, por eso vas a clase de Yoga y lees a Rumi.

Quieres seguir aprendiendo y creciendo, por lo que sigues a los Gurús que tienen las vibraciones más elevadas, sin miedo a decírtelo.

¿Qué pasaría si resulta que la búsqueda por liberarte de cualquier pensamiento “negativo” te ha cegado ante las injusticias que sufren aquellos que te rodean? Esas injusticias que otros no tienen el privilegio de poder ignorar.

Sí. Es una afirmación molesta. Y habrá más.

Porque, aunque no soy la única que habla de estos asuntos, el hecho es que aún hay demasiada gente vendiendo un estilo diluido de meritocracia y opresión.

Uno que se ha vestido con pantalones de yoga y cristales.

Del mismo modo, hay aún demasiada poca gente llamando a estos abusos espirituales por lo que son.

Es posible que estés sacudiendo la cabeza, insistiendo en que eres un ser de luz y amor y nunca oprimirías a otros.

Y posiblemente estés en lo cierto con esa afirmación.

Excepto por el daño que no sabes que estás haciendo.

Creo que quieras ser un catalizador de cambios positivos para otros.

Creo que realmente quieres abrir tu mente y tu corazón y conectar con otros a niveles más profundos.

Creo que tu deseo de no hacer daño es sincero.

Así que sigue leyendo, porque algunas de las cosas que te han enseñado son tóxicas y sin darte cuenta, tu perpetuación de algunas creencias comunes en la New Age puede estar contribuyendo a la opresión de otros.

Y ambos sabemos que no es eso lo que quieres.

¿Manifestación o Meritocracia?

Antes de que “Manifestación” se convirtiera en una palabra popular en el vocabulario de la Nueva Era, la práctica tenía otro nombre.

Magia(k).

Y sí, funciona. Aunque la extrema comercialización de la espiritualidad ha distorsionado el concepto de Magia(k) y manifestación en una nueva forma de abuso emocional.

Hay muy poca diferencia entre un Gurú de la Nueva Era que dice a otros que no han alcanzado aún la estabilidad financiera porque ellos no han trabajado lo suficientemente duro para manifestarla y un teleevangelista que dice a otros que no han logrado la independencia económica porque no han contribuido con suficientes donaciones a la iglesia.

Exacto, este es un suplemento herbal difícil de tragar.

Pero si prestas atención la próxima vez que oigas hablar acerca de la manifestación y podrás escuchar el trasfondo rezumante del Calvinismo y la meritocracia.

Escucharás a la gente decir, por ejemplo, que una persona que vive en la pobreza simplemente no ha aprendido a elevar su vibración lo suficiente

Tal vez la persona que dicta esta opinión ha levantado su propia vibración con la ayuda de una herencia, de una beca o de los ingresos de una esposa.

Aunque creo que necesitamos sintonizarnos con la energía de aquello que deseamos atraer, hay ciertos factores que no pueden ser ignorados.

Generaciones de desigualdad salarial entre hombres y mujeres, gente blanca y no-blanca, por ejemplo, crean barreras reales a la estabilidad económica.

Una persona de color en EEUU que no ha tenido el privilegio de movilidad de clase hasta épocas recientes debido al racismo institucional y a la denegación de créditos o seguros, por ejemplo, no ha fallado en “elevar su vibración”.

Ha sido mantenido en lo más bajo de la cadena salarial por un sistema de supremacista.

Considerando el contexto, esto hace que la vibración de la gente en lo alto de esta cadena alimenticia racista se vea algo… bien… “negativa” …

Por supuesto las personas pueden trascender la opresión, y por supuesto transformar la energía para alinearse con resultados positivos, puede tener cierto impacto incluso ante los desafíos, pero ignorar la opresión para promover la idea de que aquellos que no han alcanzado el éxito es porque no han trabajado suficientemente duro en el ámbito espiritual es peligroso.

Es peligroso porque contribuye a la misma opresión que mantiene a otros marginalizados. Crea una excusa conveniente para los desequilibrios de poder en nuestra sociedad.

Si realmente creo que he ganado por mí misma todos los recursos de los que dispongo (no lo he hecho) nunca veré honestamente cómo mi privilegio reserva para mi cuanto menos algunos de esos recursos, al mismo tiempo que priva de ellos a otras personas que no disfrutan de tal privilegio.

Si me suscribo a la versión comercializada de la espiritualidad de la Nueva Era, permaneceré ciega ante mi privilegio, y lo que es peor, a la opresión que priva a otros de “manifestar” estabilidad.

He aquí una muestra de mensajes de los gurús de la Nueva Era que perpetúan la opresión.

La pobreza es resultado de una baja vibración personal

Sin duda en algunos casos una actitud negativa nos mantendrá estancados en el círculo vicioso del autosabotaje.

Sin embargo, a mayor escala, ¿por qué no estamos examinando el papel que juegan en esto el estancamiento salarial, los préstamos abusivos, la destrucción de los sindicatos y la explotación de la clase obrera debidos a políticas influenciadas por las donaciones de campañas corporativas?

Parece que el uno por ciento ha manifestado una vida cómoda para ellos mismos a nuestras expensas, y no creo que esto tenga algo que ver con que su vibración sea más alta.

Esta creencia es la contraparte de la Meritocracia en el reino espiritual de la Nueva Era.

Dios/la Diosa/El Universo quiere que seas rico

Esta afirmación es un pariente demasiado lejano de la mentalidad de Monarquía por Derecho Divino que lleva a dictadores y reyes a creer que su ascenso se debe al poder de Dios o a un Plan Divino, que en principio parece inocente.

Se siente cálido y agradable creer que el Creador quiere que todos seamos ricos.

En algún nivel, creo que es cierto que nuestro Creador quiere que crezcamos, prosperemos y experimentemos lo que necesitamos para cumplir nuestra misión en esta vida. Incluso lo llamaría ‘abundancia’.

Pero uso este término con cautela porque las palabras abundancia y riqueza han sido distorsionadas por el comercialismo.

¿Quiere Dios que tengas un auto deportivo?

No lo creo.

Si tu misión requiere que tengas acceso a medios de transporte seguros y el Creador quiere que cumplas tu misión, entonces sí, el Creador te ayudará a manifestar medios de transporte.

El resto es tu ego hablando.

Honestamente ¿Cuál crees que sería la prioridad para un Creador benevolente, ver a un puñado de gente entregándose a la opulencia mientras las masas son empobrecidas o ver la riqueza distribuida de manera que cada quién pudiera prosperar y cumplir su misión?

La gente escoge la pobreza para aprender “lecciones”

Creo que escogemos un plan para nuestra encarnación con el fin de aprender lecciones. Aunque también es importante observar, en un contexto más amplio, qué estamos enseñando y aprendiendo los unos de los otros.

¿Es el sintecho alguien que manifiesta una vida de humildad y sacrificio porque es parte de su Karma?

¿O es parte de mi Karma ver al hambriento en la calle y reexaminar porqué estoy contribuyendo a un sistema que incumple nuestro deber social hacia aquellos que sufren económicamente?

¿Qué hay de las lecciones que nos rodean acerca del desequilibrio de poder, la desigualdad en el reparto de la riqueza y los salarios en nuestra sociedad?

Tal vez todos hemos encarnado en esta corrupción del materialismo para poder hacer elecciones conscientes que provoquen cambios significativos en el sistema.

Tal vez sea parte de nuestra lección ayudar a los desahuciados en lugar de contarnos a nosotros mismos entre los justos porque de alguna manera hemos escapado de ese destino.

Por ahora.

Sí, la gente encarna en ciertas circunstancias y papeles para aprender lecciones.

¿Cuál es la lección acerca de responsabilidad social que estás aprendiendo de tus privilegios?

¿Y qué vas a hacer para contribuir a empoderar aquellos cuyas circunstancias te recuerdan las ventajas sociales y económicas de las que disfrutas?

Ya es difícil hablar de dinero en círculos mundanos, aún lo es más explorar honestamente las finanzas y desigualdades en conversaciones espirituales.

El dinero es una medida de energía. ¿Qué dice esto de la energía que nuestra sociedad y cultura si permitimos que pervivan las desigualdades extremas?

¿Qué dice acerca de nosotros como individuos si sólo estamos dispuestos a llevar el dinero a la conversación espiritual cuando ésta está centrada en cómo manifestarlo en mayor cantidad? ¿Cuándo veremos la compulsión como el origen, en vez de la consecuencia, de la vieja guerra de clases?

 

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Autoría:

Angela Kaufman

Angela Kaufman es Intuitive Empowerment Coach, y autora del libro, Queen Up! Reclaim Your Crown When Life Knocks You Down- Unleash the Power of Your Inner Tarot Queen (2018, Conari Press). Su especialidad es  combinar lo místico y lo mundano para ayudar a las mujeres en la encrucijada a conectarse con sus fuentes principales de poder para superar los obstáculos. También es activista y artista. Para obtener más información, visita intuitiveangela.com/inner-queen/