Por Mark Raleigh.

El deseo tácito, inconsciente, el ansia realmente salvaje y aterradora que todos sentimos hasta la médula de nuestros huesos políticos no es aquello que creemos.

Sí, ansiamos la abolición de la deuda, el corporativismo y el dinero tal como lo conocemos.

Sí, queremos ver el final definitivo del racismo, el clasismo o el sexismo sistémicos y de las malditas guerras sin sentido.

Pero no queremos que esas cosas terminen sólo para poder sentarnos en un círculo fumando hachís y tomándonos de las manos antes de levantarnos al amanecer para cuidar de nuestros jardines orgánicos y practicar yoga. Si honestamente crees que éste es el motivo por el que quieres una revolución – para poder habitar por siempre en una utopía- bien, permíteme decirlo de una forma suave: estás muy equivocado y necesitas algunas largas horas de autoexamen.

Así que mientras fumas algo de hachís y observas el fuego en tu próximo círculo de tambores, piensa en esto:

Todas las utopías son aburridas.

Queremos que el corporativismo, el estado policial, la deuda y “la guerra contra _______ (llena el espacio con alguna abstracción amorfa y aterradora)” terminen por una sola razón.

La perturbadora verdad es esta: nos hemos dado cuenta colectivamente de lo mucho que estas cosas apagan lo que más nos importa, lo único que realmente puede ser importante para un ser humano: el juego.

Jugar no es lo mismo que la unión idílica. El juego no es necesariamente pacífico o sano. Puede ser dinámico, feroz, elaborado, peligroso. Lo que el juego requiere, sin embargo, es un sentido de la posibilidad de significado, de sentido. Nuestro impulso más profundo se dirige hacia el significado, y eso es lo que nos ofrece la magia real.

Soportaremos cualquier régimen, cualquier estado de cosas de mierda, siempre que tengamos la posibilidad de jugar y un sentido de significado satisfactorio disponible para nosotros dentro de ese juego.

Lo que el juego no puede – para poder seguir siendo considerado como juego – es estar amañado. Porque cuando todos sabemos que el juego está completamente manipulado, se vuelve aburrido y pierde la capacidad de darnos la satisfacción del significado.

Lo que nadie dice es esto: la razón por la que estamos aburridos y deprimidos y enojados y disgustados hasta la médula, la razón por la que (quieras verlo o no) la generación milenial se está reuniendo silenciosamente y preparándose para el tipo de revolución política de inicio rápido que hará que los disturbios de la década de los sesenta se vean como un calentamiento y hará que la gente recuerde las maneras suaves de Robespierre, es que el nivel en el que se manipula cada juego social disponible se ha vuelto repulsivo.

Y con repulsivo quiero decir nauseabundamente aburrido.

El problema no es que los políticos y los medios de comunicación mientan, o que las guerras dañen a las personas, o que estamos cargados de deudas, que nuestra comida nos esté enfermando, que la atención médica sea una estafa. Esperamos que los políticos y los medios mientan, que las guerras dañen a las personas, que todo tenga un precio. Todo eso forma parte del juego humano que es nuestra herencia colectiva.

Lo que se vuelve repulsivo es que los políticos y los medios ya ni siquiera se molestan en mentir con imaginación o habilidad. Las guerras no agitan nuestra sangre. Las deudas que tenemos son impersonales y, por lo tanto, carentes de sentido. Las estafas con nuestra comida y nuestra atención médica ya ni siquiera merecen el nombre de «estafas», ya que ninguno de nosotros está siendo engañado, simplemente nos atacan.

Piénsalo de este modo: alguien que ha sido realmente seducido no odia a su seductor, porque ha disfrutado la experiencia de la seducción como un juego colmado de significado e imaginación – de forma que ambos pueden estar orgullosos de su participación en el juego, y la persona seducida puede saborear por siempre el arte del que ha tomado conciencia en el proceso (sea o no que finalmente haya beneficiado sus otros objetivos).

Todos odiamos universalmente a los violadores porque los violadores no se molestan en seducir, en crear un significado fascinante y mágico. En lugar de eso, los violadores pisotean el juego sexual con violencia y coacción, convirtiendo el intercambio de poder erótico en algo aburrido, brutal y horrible.

Por lo tanto, no es que queramos una utopía, más bien queremos un campo de juego en el que podamos seducir y ser seducidos, jugar y ser bien jugados.

Estamos cansados ​​de que nuestra sociedad sea violada implacablemente por una fuerza de idiotez adormecedora tan enorme y arrogante que ha sofocado nuestra capacidad de generar nuestra única alegría humana.

La ocupación de Wall Street fracasó de muchas maneras y, sin embargo, muchos de nosotros no hemos olvidado lo que probamos durante los primeros días de ese movimiento: un sentido de significado, un sentido de posibilidad real.

El mundo -en la medida en que hablamos sólo el drama de la sociedad humana- nunca será perfecto, y los revolucionarios que están a punto de sacudir nuestra existencia no esperan ni quieren que lo sea. Talking Heads nos enseñaron que “El Cielo es un lugar en el que nunca pasa nada”. Si esto es así, no queremos el cielo en la tierra. Lo que queremos es la posibilidad de jugar y sentirnos vivos.


Artículo original


Autoría:

Mark Raleigh Hunter es el pseudónimo de un artista, mago y competidor de artes marciales consumado que prefiere permanecer en el anonimato cuando escribe cosas serias. Sus principales intereses en la vida incluyen hackear la vida y a las personas. También resulta que es realmente bueno en el pinball. Lo puedes encontrar en Twitter en @markhunter__.


 

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